domingo, 2 de diciembre de 2012


TRES AMIGAS, DIFERENTES DESTINOS:

Somos paridas por el mismo barrio LA CAMOCHA, un barrio minero a la afueras de Gijón, todas tenemos como punto común la profesión de nuestros padres. Dentro de las posibilidades de nuestras infancias fuimos “más ó menos” felices. 
Quiso el destino marcarnos vidas muy diferentes y la vez distantes, llenas de penas y escasas alegrías, con rumbos desconocidos entre nosotras. Cada una y como fuere hizo su vida, se casó, tuvo hij@s y vivió la vida tal y como venia, recordando el pasado con nostalgia, pero era solo eso, pasado. 
Las redes sociales son traviesas como un niño y sin saber muy bien como, todas coincidimos en este mismo grupo y “Eureka!!”, el medio perfecto, para empezar a deshacer aquellos nudos de los años perdidos, con miedos, dudas, recelos y 
sobre todo con ganas de fundirnos en ese abrazo que nunca nos dimos con un “adiós”.
La culpa como siempre “mía” y utilizando el “LIBRO VIAJERO”, como disculpa, organizamos un encuentro en Oviedo, tierra de carballones. En marcha nos pusimos Sara Rodriguez DominguezIsa Gonzalez Companyy la que escribe, para encontrarnos con Tita, Blanca Fernandez Canteli. La lluvia nos obligaba a viajar despacio y haciendo ameno el trayecto para amortiguar los nervios.
Que estimulante es ser testigo del amor de la amistad, que estimulante es ver como un abrazo repara los fantasmas mentales, que estimulante es el olor de la armonía encerrado en un coche, que gratificante!!
La tarde transcurrió entre risas y aventuras de la infancia, juntas reconstruimos un pasado que ya es historia, juntas repasamos con el hilo de la amistad los agujeros de la vida y juntas nos prometimos no dejar otros tantos años de por medio.
Entre anécdotas y pasajes, caí en la cuenta de que ser la mayor me proporcionaba más datos en la memoria, reímos las cuatro al ritmo de las llamadas de telf., a Blanca y a mí. Éramos la alegría máxima en un local pequeño y solo nuestra, todo valía para mezclar las lagrimas de alegría con el momento, todas y digo “todas” lloramos riéndonos de las aventuras y desventuras de la parlante de turno.
Fue una tarde inolvidable para estas tres amigas y Sara, qué se empapaba de todo como si fuera un aprendiz, fue una tarde en la que fui cómplice y parte de algo tan hermoso y escaso que es “LA AMISTAD”.
Nota: No pongo detalles, para no aburrir a quien lea esto, pero quede una cosa clara, fue una tarde que durara en nuestra memoria bastante más que las cuatro horas de reloj y que se repetirá pronto, muy pronto ¡!