lunes, 14 de enero de 2013

AMANTIA Y FANATIA, de Carmen Villamarín

(Ebook)


La codicia se había instalado en los habitantes de Humania como un atributo natural que justificaba cualquier acto. La rapiña se había convertido en una especie de derecho; incluso, en un acto de delicada ingeniería genética, que se transmitía como valor a las jóvenes generaciones. La tapadera de la codicia se llamaba inflación, y por ella, se justificaban todo tipo de desmanes como si fuera un agente externo, sin identidad e incontrolable, del que nadie era responsable y todos eran víctimas. Los poderosos, con el argumento de que eran los pilares de la sociedad y, que sin ellos no se generaba riqueza alguna, generaban necesidad empobreciendo al resto de los ciudadanos, quienes a su vez ansiaban las riquezas de los poderosos y, constituían a éstos como modelos a seguir para el logro de la felicidad.
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