lunes, 8 de julio de 2013

LA HILANDERA DE FLANDES, de Concepción Marín

Desde los principios de la civilización, el  trueque, le regateo y la moneda en rigor fueron las principales causas de la ambición y corrupción entre las gentes, los mandatarios y cargos sociales.

Un edicto publicado en 1492, por los Reyes Isabel y Fernando, invitaba cortésmente a que los judíos abandonaran el Reino de Castilla y León entre otras tantas comunidades que gobernaban. El decreto era tan claro como en agua del rio, pero tan duro como el invierno, solo tenían dos opciones, el exilio con falsas promesas fuera del territorio Español ó la conversión al cristianismo.
Efraím e Ivri,  más que amigos, se consideraban hermanos. Ambos convivían con sus familias en total hermandad e incluso habían acordado el casamiento entre sus hijos, para asegurarse el futuro y las riquezas, los dos vivían en cómoda posición social y económica, pero ante tal injusticia, debían decidir qué hacer con sus destinos.



Efraím, era un hombre sencillo, trabajador incansable, sus dotes para lo joyería le hacían único en su labor, príncipes, reyes y nobles eran sus clientes habituales, no tuvo ninguna duda, su integridad y fe hacia Yahvé,  era mayor que su ambición y como tal asumía las consecuencias, partiría con su esposa e hija, dejando su negocio fértil y vendiendo su vivienda a  su fiel amigo. Sabiendo que debían llevarse poco más que lo justo, opto por ocultar su tesoro en un rincón de la casa, un lugar secreto del que solo su esposa tendría conocimiento y con la esperanza de que algún día pudiera volver a recuperarlo.

Sin embargo Ivri, era todo lo contrario a él, su codicia no tenia limites y estaba dispuesto a convertirse al cristianismo solo por afán de riqueza y prestigio social. Era prestamista, principalmente de hombres adinerados con malos hábitos ó vicios. Convencido que su buen amigo  era más rico de lo que aparentaba y dado que no podía llevarlo consigo, llego a la conclusión de que escondía un gran tesoro y esa fue la razón principal de su adquisición.

Habiendo tomado cada uno su decisión, sus rumbos serían totalmente contrarios y eso haría que los hasta ahora hermanos pasaran a ser enemigos, conscientes que eso les separaría para siempre.

Efraím,  junto a su esposa e hija,  partieron con destino final a Flandes, les esperaba un camino largo y lleno de infortunios. Pagando un alto precio por su fe y con la esperanza de que Yahvé les compensaría de tanta desgracia.
Mientras tanto Ivri, seguía en Toledo, obtenía lo deseado, aunque para ello vendiera su alma y la de su familia al mismísimo diablo sin escrúpulos ni peso de conciencia.

En Flandes Efraím y Katrina, llevaron una vida sencilla y humilde, sin carencias, pero sin alardear de su fortuna. En el viaje habían apresado a su esposa, por intentar sacar joyas, fue condenada a la pena capital, nunca más se supo de ella. Su hija Ilana, moría en el parto, después de un matrimonio acordado y siendo viuda antes que madre,  razón por la que Efraím, criaría a su nieta con la ayuda de Nienke, una joven vecina que estaba en la misma tesitura y que adoraría a la pequeña como si fuera hija propia. Estando en su lecho de muerte, le confiesa “su secreto” a Katrina, quien dudaba entre los delirios de la agonía o la historia jamás contada por su abuelo.




La  habilidad como hilandera desde bien niña, fue su pasaporte hacia la corte, puesto que Nienke y Katrina, serían nombradas tejedoras e hilanderas de la corte y eso satisfacía y allanaba  los planes de regreso a Toledo, siguiendo la promesa hecha a su abuelo.

Deberían de pasar muchos años, cambios gubernamentales y de reyes, para que el pasado tomara forma en el presente e hiciera justicia, en memoria de aquellos que fallecieron confiando en la paz divina.

LA HILADERA DE FLANDES, nos ofrece una versión majestuosa de la historia  y sus diferentes coronas, quedando constancia de los poderes de la iglesia y la santa inquisición, donde el pueblo llano, los nobles y príncipes, no estaban libres de pecado. La herejía, la lujuria y la traición, eran duramente castigadas, con torturas hasta llegar a la pena capital. Fueran fundadas ó meros rumores, el final era el mismo, “la muerte”.
Con misterio hasta la última página, dosis de aventura y grandes amores.

Concepción Marín, nos ofrece una espectacular novela, digna de ser leída con suma atención. Maravillosos textos y diálogos de época.

Lectura perfecta para los amantes de la novela histórica. ¡Todo un lujo!