jueves, 12 de septiembre de 2013

EL ASALTO DE CARTAGENA DE INDIAS, de Elena Bargues

En 1697 Francia está en guerra contra la Liga de Augsburgo, formada por Inglaterra, España, Holanda y el Imperio Gemánico. Luís XIV, necesitado de recursos económicos, envía una escuadra bajo el mando del barón De Pointis al Caribe, con la excusa de defender sus intereses comerciales de las expediciones de castigo llevadas a cabo por los españoles. Allí la flota es reforzada con colonos y filibusteros franceses de las islas para asaltar una posesión española y hacerse con un botín.
La posesión elegida por De Pointis, Ducasse, gobernador de los colonos, y Godefray, al frente de los filibusteros, es Cartagena de Indias, la ciudad más fortificada del imperio español. Además de ser una de las más ricas junto con La Habana, se desconocen las razones de una empresa tan abocada, a priori, al fracaso. Los nombres de los barcos que tomaron parte, así como los de sus capitanes, son históricos. Los acontecimientos narrados sobre el transcurso del asalto también son históricos: la flota combinada se aproximó bajo otra bandera aunque no engañó a los españoles. Enviaron dos chalupas de reconocimiento y una de ellas volcó ahogándose algunos de ellos, momento que aprovecho para introducir a mi protagonista en la ciudad. La fragmentada toma de los fuertes, que defendían la ciudad con tan escasas guarniciones y medios, y los increíbles sucesos durante el asalto son históricos —no me hubiera atrevido a inventar tales cosas—. Cuando cae Getsemaní, las puertas de la ciudad se abrieron para acoger a los que huían, momento en que se creó confusión porque los franceses intentaron entrar. Yo aproveché la circunstancia para sacar a mi protagonista de la ciudad. La plaza de Cartagena se rindió sin intentar la defensa ante la estupefacción de los propios franceses, tras la valiente resistencia de Getsemaní. Los nombres de la alta jerarquía de la plaza son reales y ocupaban esos cargos, incluso el capitán de presidio, Santander, aunque el papel que desempeña es ficticio pues me sirvo de él para explicar la situación de abandono en que estaban las tropas coloniales. Las condiciones de capitulación, las enormes bajas por enfermedad que mermaron las fuerzas francesas, la traición de De Pointis a los colonos y filibusteros franceses que les habían ayudado, el abandono de Cartagena dejándola indefensa a merced de los piratas, el tropiezo con la escuadra inglesa, la rocambolesca huida del Le Fort mezclándose con las naves enemigas para pasar inadvertido, la solitaria singladura de ese barco de regreso durante la cual avistaron la flota de Galeones, y su llegada anticipada a Francia, son rigurosamente históricas.
La única infracción que he cometido es el cambio de la llegada de la flota de Indias. En la novela la flota de Indias llega antes del asalto —para desembarcar a mi protagonista, Mariana Tamares, hija del conde de Olvera, quien deberá contraer un matrimonio desigual con un rico comerciante que aspira a ennoblecerse—, cuando en la realidad llegó durante el salto y, al no poder entrar en la ciudad, siguió rumbo a Portobelo donde se resguardó.
¿Qué ha quedado a la imaginación? Poco: la vida de los protagonistas y sus vicisitudes durante el asalto. El relato está plagado de duelos, luchas, botines y venganzas. Antoine Laver es el primer oficial del Le Fort y pertenece a la más tradicional nobleza de Francia —noblesse de épée—. Su personalidad atrae la atención porque representa los viejos valores señoriales mezclados con una mente despierta, analítica y moderna que anuncia el siglo de la Razón, ya que estamos a las puertas del siglo XVIII. Mariana Tamares es una sevillana de origen noble pero educada por un tío burgués —veedor de la flota de Indias— en una Sevilla dominada por los comerciantes extranjeros. Llama la atención por su belleza y unos conocimientos mercantiles inusuales en una mujer española que contrastan con la ingenuidad propia de quien ha sido educada sin salir de casa, y me sirvo de ella para reflejar la situación de desamparo de la mujer en aquella época. Su doncella, Teresa, es el contrapunto —como en los personajes de la Comedia Nacional— quien le mostrará la crueldad del mundo y la defenderá de él con la mente práctica de la pícara y la falta de prejuicios de honor y honra. Son también ficticios los malos: Miguel, proxeneta, pirata, ladrón; Julián, su vecino; y León.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA
Género: Novela histórica de corte bélica y romántica.
Extensión: Comprende 15 capítulos y un epílogo. 395 páginas a doble espacio sin salto de página entre capítulos y por una cara.
Público al que va dirigido: principalmente mujeres con un cierto nivel de exigencia cultural.
“El Asalto de Cartagena de Indias” es la primera novela de una trilogía. El siguiente volumen se titula “El botín de Cartagena de Indias” y transcurre en Francia.
Enlace página web de la autora.