sábado, 1 de noviembre de 2014

EL CORAZÓN DEL CAIMÁN, de Pilar Ruiz (RESEÑA)

“El deseo es una pulsión, una fuerza que fácilmente se desboca, se despega de la razón y convierte al objeto de ese deseo en una ilusión, en un fantasma” (pág. 302)

La Oriental era con creces la mejor hacienda de la comarca a lo largo y ancho de la hermosa Isla Caribeña; formaba parte del legado familiar que había heredado Doña Elvira a la muerte de su segundo marido. La Casa Grande era fiel a su nombre y como tal, las estancias eran espaciosas y cómodas; y desde cualquier ventanal se veían las grandes extensiones de la finca. La Vieja Señora –como la llamaban los trabajadores a sus espaldas -, era temida y respetada en partes iguales; no hacia distinciones por el color de la piel, viviendo diferentes generaciones bajo el manto de La Vieja Señora.

Su tía abuela, le dedicó parte de su vida, con la pequeña Ada todo era cariño  y dispuso todos los medios a su alcance para que no sintiera privación alguna; no le faltaron juguetes, ni las mejores lecturas, lucia hermosos vestidos y en cierta medida fue malcriada y consentida en sus caprichos infantiles; para su educación fueron contratadas un sinfín de institutrices que renunciaban por queja o antojo de cualquiera de las dos. Se podría decir que Ada fue afortunada en su infancia, sus maneras camelaban a todo aquel que la conocía y tan solo añoraba la falta de niños con los que jugar o compartir travesuras; pero aquella carencia la cubriría Doña Elvira con Pompeya, una niña de su edad que viviría con ella en La Casa Grande y disfrutaría de los mismos beneficios que la propia Ada, tan solo se las diferenciaba por el color de la piel, Ada blanca inmaculada y Pompeya negra como el fondo de una cueva, "su hermana para toda la vida". Pese a su obstinación, Doña Elvira se sentía satisfecha de acatar y aplicar el consejo de la vieja Toñona;  nadie tenía la valencia de preguntar sobre la aparición o procedencia de la nueva inquilina.

La Toñona, que llevaba años gobernando la cocina de la hacienda, y junto a Don Eloy, el médico particular de La Casona, eran las únicas personas que tenían confianza para exponerle a Doña Elvira  claramente sus injusticias o protestas referentes a la ya adolescente; para ellos la jovencita Ada necesitaba rodearse de señoritas de su nivel social y potenciar su cultura; era el momento de enviarla a algún internado femenino en Europa, como también sugirió su última profesora, la señorita Doinel antes de morir por la fiebre amarilla.

Sopesando la realidad y edad de Ada, Doña Elvira dedico enviarla al colegio Santa Niña María, una congregación situada en el norte de España; con una atención tolerante y bajo la religión católica, donde solo desatacaría por su acento cubano; allí sería una alumna más. Mensualmente recibía la visita del Doctor Izquierdo que actuaría como correo entre la institución y su tía, para ocuparse de los avances de la estudiante.
Con apenas quince años, Ada, abandona una Cuba llena de conflictos políticos y revueltas, el anticipo de un inminente guerra injustificable y teniendo como destino España, país que lleva en sus genes y en el conocerá su verdadero pasado.

 Atrás quedaban las fantasías y cuentos compartidos por tía y sobrina sobre aquellos “poderes” que poseía el medallón que Doña Elvira no abandonaba nunca, atrás quedaban las correrías y juego con su querida Pompeya y atrás quedaban los años que fue simplemente una niña feliz y que jamás olvidaría; tenía el firme propósito de volver, por sus venas circulaba sangre Española y Cubana; pero lo que no imaginaba, era el sufrimiento y dolor que viviría en carne propia hasta pisar de nuevo La Oriental…

En España reencontraría sus raíces, sabría con detalle que fue su padre y que razones los separo antaño, descubriría el poder que aplicó tan injustamente su tía, ¿Cuánto amor perdido entre padre e hija? ¿Podría perdonarle a su tía todo lo que le oculto?
En España descubrirá el sentimiento del amor, enamorándose de Víctor, un joven militar que desaparecido en combate, en una guerra inexplicable,  qué además de dura en el tiempo ya arrastraba demasiados muertos; una guerra situada en el corazón de una isla cubana con forma de caimán; y por el que recorrerá la isla a contracorriente.

En España la recibieron siendo la niña Ada y se fue siendo la mujer Ada Silva… Ahora su vida dependía de ella misma y su destino, qué estaba señalado entre la vegetación y los peligrosos senderos que debería cumplimentar con los días y las noches de caminatas; con el dolor y el sufrimiento del resentimiento; y con la fuerza que nace del amor y la esperanza; se sentía obligada a sobrevivir a los traspiés del regreso a La Casa Grande, su casa….


Con una narrativa impecable, Pilar Ruiz nos trasportará a una Cuba tan hermosa como desconocida, más allá de sus exóticas playas.  Cómo buena profesional en la materia, Pilar Ruiz deleita a sus lectores con una magnifica argumentación histórica bien dosificada.  En El Corazón del Caimán, su autora, no ha olvidado ni el más mínimo detalle invitándonos a saborear plácidamente de cada línea escrita; con infinita generosidad nos desmenuza unas panorámicas de ensueño y sus diferentes culturas; su virtuosa pluma nos ofrece un abanico personajes que siendo secundarios son de gran importancia. Es una brillante historia de amor en diferentes épocas y lugares.
Con una alta valoración de 10 sobre 10 y recomendable al máximo.
Pilar Ruiz entra en el mundo literario por la puerta grande y viene abalada por una larga trayectoria profesional.

¡Ha sido una lectura SUPREMA, FELICIDADES!