sábado, 9 de enero de 2016

LA ISLA DE ALICE, Daniel Sánchez Arévalo (Reseña)

Una llamada de teléfono anunciando la muerte de su marido, transforma la vida de Alice Williams, una joven profesora de artes plásticas centrada en sus alumnos y su familia, obligándola a abandonar la seguridad de una realidad perfecta que creía disfrutar.
El accidente de Chris en una carretera de Marion Masachusetts, cuando en realidad debería estar a cientos de kilómetros de allí, en Yale, por motivos de trabajo, destroza el futuro soñado de Alice y plantea infinidad de preguntas y dudas sobre su presente y sobre su pasado en común.

Incapaz de asumir la pérdida, y obsesionada por conocer los verdaderos motivos que llevaron a su marido a un lugar en el que jamás había reconocido estar en ninguno de sus viajes, Alice inicia una carrera sin descanso a la búsqueda de respuestas.

Ni la angustia de su hija Olivia, que con tan solo seis años se ve privada de la figura de su padre, el ser que más quiere en este mundo, y cuya ausencia causará un verdadero caos en el interior de la pequeña, ni la necesidad de cuidar al bebé que espera paciente en su tripa el final de la gestación, lograrán que desista de su empeño.
Atrapada entre el miedo a la verdad y la angustia por las imágenes que su propia mente crea y convierte en realidades, Alice avanza en su búsqueda hasta llegar a Robin Island, el lugar del que Chris regresaba cuando sufrió el accidente.

Sin medir las consecuencias de sus actos, Alice decide mudarse a la isla con Olivia y la pequeña Rudy de apenas dos meses de vida. Incapaz de preguntar abiertamente a la pequeña comunidad que puebla la isla por su marido, decide centrar su universo en vigilar a sus vecinos hasta lograr descubrir, en alguno de ellos, el rastro de Chris y poder, al fin, dar respuesta a la pregunta que martillea su mente, ¿qué hacía su marido en aquella isla?

La novela muestra una trama muy bien construida, en la que los saltos temporales, imprescindibles para poder conocer el pasado de Chris y Alice, así como del resto de los personajes secundarios, se muestran enlazados y situados en momentos precisos de la narración, generando un ritmo continuado y cómodo de seguir.
Resulta interesante la forma en la que un único personaje Chris, ausente y sin voz hasta casi el final de la novela, centra toda la trama, incluso los capítulos aparecen numerados contando los días desde su fallecimiento, lo que crea en el lector una necesidad de saber, de conocer, de descubrir, más aspectos de su pasado y de los motivos que le llevaron a emprender un viaje, que luego su mujer y sus hijas repiten.

Una historia en la que su autor, Daniel Sánchez Arévalo guionista y director de cine, deja marcada en imágenes su verdadera profesión. Hipocondríaco y neurótico confeso, Daniel Sánchez habla, en las entrevistas concedidas tras la publicación de esta novela, sobre su necesidad de escribir para dar forma a la multitud de ideas y confusión que se mezcla en su mente, una fórmula que adoptó después de llevar desde los dieciséis años acudiendo a psicoanálisis. En estas entrevistas hace referencia, en varias ocasiones, a lo importante que es para él poder crear unos personajes en los que volcar sus miedos, aprensiones y terrores, y como al ver todo ello reflejado en otros puede llegar a superarlos. Interactuar con los lectores, a través de sus obras, lo considera la mejor de las terapias.

El autor crea un personaje femenino real y cercano, en el que los pensamientos y las dudas se entremezclan con sus diferentes estados de ánimo. La evolución de Alice y la de su hija Olivia se aprecian de forma clara, sobre todo de la mitad en delante de la novela. La pequeña Olivia, una niña aterrada e incapaz de comprender los motivos por los que no volverá a ver a su padre, muestra una serie de trucos inconscientes en los que niños y adultos nos refugiamos para aliviar los miedos o la tristeza, el orden extremo de nuestro objetos, la elaboración de listas inútiles, las manías al levantarnos o acostarnos, o cuando entramos y salimos de un lugar. Sin duda, Olivia parece creada para aliviar los fantasmas del autor.

Muy interesante el final de la novela, no solo por cómo cierra la trama, tanto la principal como la de los personajes que completan y dan fuerza a la historia, si no, por la forma en la que describe las modificaciones que toda vida puede sufrir o disfrutar cuando interactúa con su entorno. Formamos parte de una sociedad y en ese entorno estamos expuestos a que los demás nos afecten con sus decisiones, al igual que nosotros influimos en la vida de otros congéneres con las propias.

Sin duda una novela que merece la pena ser leída y disfrutada.

Editorial PLANETA
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