miércoles, 13 de abril de 2016

ANNA Y EL HOMBRE GOLONDRINA, Gavriel Savit (Reseña)

La vida desde los ojos de un niño, por muy terribles que sean las circunstancias siempre van rodeadas de esa aureola que conlleva la inocencia de unos ojos ingenuos y puros, que no ven la maldad ni distinguen emblemas. Está era la mirada observadora de Anna y está su historia… Según nos la cuenta Gavriel Savit

Cracovia estaba inmersa en una guerra cruzada donde la gente desaparecía sin más, sus destinos siempre eran misteriosos y finales, pocos o ninguno regresaba. Aquellos que podían trabajar eran confinados a campos de concentración y explotados mientras vivían, otros corrían peor suerte encerrados en barracones a la espera de tiro de gracia. No es mi intención dar ningún repaso histórico del conflicto bélico que cruzo el mundo y arranco vidas injustas.
Me centraré únicamente en Anna y El Hombre Golondrina.

A la edad de Anna, cualquier niños/a debería vivir su infancia bajo el amparo familiar; ir al colegio y compartir juegos con otros chiquillos, porque simplemente son niños y su única obligación es crecer y ser feliz. Pero la infancia de Anna pronto dejó de ser natural por el entorno y la situación; la muerte de su madre fue rellenada por más cariño de su padre, un humilde profesor de gramática, que adoraba a su pequeña e intentaba trasladarle lo mejor del ser humano. Su padre, le explicaba el porqué de cada cosa de manera sencilla a modo de juego para que la pequeña pudiera asimilarlo y también le enseño a relacionar las cosas o personas a través de los idiomas o culturas. Con solo siete años, Anna, hablaba varios idiomas y poseía una avispada recepción del entorno. Anna y su padre iban juntos a todos lados, lejos de aparentar la unidad familiar que eran. Sin saberlo Anna, fue preparada para sobrevivir.
La misteriosa desaparición de su padre deja a la pequeña a la ventura, aunque no tardará mucho en percibir que no volverá, los judíos nunca regresaban y ella llevaba varios días esperando a su papá.

Abandonada a su suerte, Anna, se siente más sola y asustada que nunca, busca cobijo allá donde su menudo cuerpo pueda pasar desapercibida y llora a la par que espera; ahora era una niña de la calle y corrían malos tiempo para los menores que transitaban sin compañía adulta. Hambrienta y aterrada gimoteaba la pequeña, cuando un hombre grande y misterioso se acerca a ella; aquel hombre desconocido le daba miedo, pero supo sonsacarle una sonrisa y calmar su llanto, él se hace llamar El Hombre Golondrina.

Desde ese momento Anna seguirá los pasos de El Hombre Golondrina como un perrito faldero, despertando en él la curiosidad ante sus amplios conocimientos, juntos llegan al acuerdo de cómo tratarse en público o en privado y establecen unas normas por el bien de los dos, y así empiezan el viaje más largo de sus vidas, huyendo de una guerra que dividía países. Algunas de sus reglas eran; no relacionarse más que lo imprescindible, dejar ciudades y pueblos al margen de su ruta, pero... ¿Hacia dónde se dirigían? ¿Cuál era su destino? Preguntaba Anna de vez en cuando a El Hombre Golondrina.

Fueron muchos los inviernos que durmieron al raso. Muchas las noches que suponían la última. Las bajas temperaturas, el hambre y las calamidades parecían no tener fin. Su único fin era caminar, no quedarse parados y menos aún que los encontraran, El Hombre Golondrina le recordaba a menudo “Ahora mismo el mundo es un lugar peligroso”.
El Hombre Golondrina, con sus historias conseguía que Anna no pensara en las desgracias que sembraban pueblos y ciudades de cuerpos sin vida, aunque ella percibía el miedo que él sentía.
Anna y El Hombre Golondrina, cruzaron a pie un país en plena guerra; sin más equipaje que lo puesto y lo guardado en el inseparable maletín de médico que portaba el gran hombre y que parecía mágico, y sin más armas que su palabra y el conocimiento. Aunque la imaginativa de El Hombre Golondrina consistía en fantasear con cualquier situación ajena a la realidad para esquivar el miedo y el desasosiego de la pobre niña y a la vez disimular su cobardía.

Gavriel Savit a través del recorrido de Anna y El Hombre Golondrina nos muestra una dura historia de supervivencia. Bajo su perspectiva veremos los paisajes que “ella” contempla, pisaremos la nieve con unos pies mal calzados y notaremos en el estómago ese vacío que deja el hambre. Es una historia cruda y llena de encanto en partes iguales. La juventud de su pluma, da un soplo de aire fresco a esa parte de la historia que pocos han contado con tanta sencillez y despertando ternura en una conmovedora novela.

Leer Anna y El Hombre Golondrina, ha despertado en mi memoria esa parte del pasado que nunca debió de existir y que te pone los bellos de punta por momentos. Al igual que otros títulos de este género, su lectura no dejará indiferente al lector y quedará grabada en nuestra memoria por mucho tiempo. “No olvidemos que está contada bajo la mirada curiosa e inofensiva de una niña de siete años, Anna

PLAZA & JANES 
Colección: Éxitos
Temáticas: Contemporánea, Novela histórica
ISBN: 9788401017698
250 Páginas.
Disponible en digital.