miércoles, 1 de mayo de 2013

LA LEY DE LOS SIMILARES, de Antonio Tocornal


Mi opinión:

Los que ya tenemos ciertos años, encontramos en la memoria de nuestros antepasados aventuras de lo más divertidas y tristes. Muchas de ellas con más hambre que longaniza, pero pletóricas y llenas de mensajes de vida.


 “Mariano Bermúdez, padre, sí fue aventurero,  pero más por hambre que por vicio”.

A la muerte de su padre todos los hermanos recibieron a partes iguales, la misma herencia. Una parte  en dinero y una curiosa cantidad de cajas de ron añejo “sol líquido” que a Bernabé le resulto cuanto menos extravagante por parte del finado, aunque era conocedor de su debilidad por este caldo.
Bernabé, un hombre simple, sin ningún tipo de egoísmo ó ambición, su trabajo cómodo y seguro en el Ministerio, era el fruto de una juventud aplicada entre libros de texto y horas de estudio.
Su vida era rutinaria y hasta aburrida, casado con Matilde y padre de dos hijos. Era fiel a sus amigos y  a los encuentros que habitualmente tenían con sus respectivas esposas,  aunque muchas veces era motivo de mofa debido a su ingenuidad, pero eran sus amigos de toda la vida y eso le servía de defensa ante las quejas de su mujer, aunque ya estaba aclimatado a la falta de respeto que sembraba en su entorno.
Los largos silencios, la falta ó escasa comunicación entre ambos desgastarán al matrimonio, de manera irreparable e ira creando una distancia cada día más grande. Cada uno de ellos tiene un secreto  que le aporta ese aliciente que no le aporta el otro, pero que  podría dar un giro a todo ó a nada en su vida.

Con escasos diálogos y mucha retorica, además de su eficacia para provocar sentimientos Antonio Tocornal nos plasma una historia que abunda en una sociedad actual.  ¡Me gusta, si señor!