jueves, 19 de septiembre de 2013

BESOS DE ARENA, de Reyes Monforte

Son muchas las familias Españolas que colaboran en diferentes ONG  en  favor a la infancia. Esos pequeños “locos bajitos” que tantas veces necesitan salir de su mundo para salvar su propia vida.

Laia, es una de tantos niños que venía desde los campamentos saharauis cada año a pasar el verano en España a través de una ONG. Laia, era la primera vez que salía del desierto en sus doce años y aquel verano cambiaría su vida, sus “padres españoles” Leticia y Sandro, eran un matrimonio  oscense, sin hijos y deseosos de compartir su amor con la niña asignada. Eran conscientes de sus costumbres y sus carencias, por la diferencia de cultura, pero para ellos no había objeción alguna, solo deseaban sentirse padres, tenían tanto cariño acumulado para dárselo a Laia,  aunque fuera de manera temporal.
De manera asombrosa, la niña se adapto a las costumbres de sus “padres españoles”, a la vida familiar y eran la viva imagen de familia perfecta y feliz.
Cumpliendo con el seguimiento médico que requería la ONG, se le detectaron las dolencias más comunes y una lesión cardíaca  de cierta seriedad, que necesitaba un tratamiento constante, costoso  y unos cuidados determinados, la enfermedad que retrasará su devolución al Sahara  tuvo que ser autorizada por  la justicia Española, ante la negativa de su familia de origen y posponiendo su regreso hasta su recuperación, dejando a salvo el secreto que Laia oculta.

Pasaron los años y Laia, creció con normalidad,  integrada totalmente en la vida del pueblo y queriendo a Leticia y Sandro como a unos auténticos padres, excelente estudiante y futura doctora, ya rondaba los diecisiete años cuando se mudaron a la casa de al lado Carlos y Julio.



Ambas familias entablarían una solida amistad, compartirían cenas amenizadas por las fabulosas aventuras de Carlos en Villa Cisneros, África, como profesor, sin embargo, jamás les
confiesa la razón por la que dejo el país y lo que dejo tras de sí. Laia le escuchaba con admiración por conocer también su país y recordarle tantas cosas que se le estaban estancando en la memoria. Entre frescas nocturnas y contemplando las estrellas Laia y Julio, comenzaron una bella historia de amor, que se asentaría con el paso del tiempo. Ambos preparaban  un maravilloso futuro  en Madrid, donde les esperaba una vida por vivir.

Una noche al llegar a casa la pareja se encontraron con una sorpresa agri-dulce, ya que el padre y hermano de Laia se habían desplazado a Huesca con la excusa de una cordial visita y dejando caer entre frases la “obligación que tenía de volver a casa”, acto que ella rechazo desde el principio.  Sus padres,  no habían interpretado la extraña visita de la misma forma, e
ignorantes de su mayor secreto, la apoyaron una vez más y recurrirían a los estamentos necesarios.

Su mudanza a la capital, fue adelantada, quizá forzada y teñida de negro, por el accidente que segó la vida de sus “padres españoles” cuando volvían de un romántico fin de semana donde homenajeaban sus veinticinco aniversario de bodas, también pospuso su inicio en la Facultad, hasta reponerse de todo, gracias al apoyo incondicional  de su futuro suegro, ya que él y Julio eran su única familia en España.

En Madrid, Laia,  descubrió un mundo mágico, sus museos, sus parques, las multitudes, etc., era feliz en una ciudad tan grande que se preparaba para disfrutar la Navidad, sus calles engalanadas de chillones colores y  los villancicos como banda sonora, pero seguía añorando a Leticia y Sandro, le reprochaba al destino no poder compartir con ellos aquellos días tan especiales. Callejeando, entró casualmente en un hermosa tienda de antigüedades, Germán, un anciano que formara parte de su futuro, su tienda contiene muchas cosas que le recuerdan a su país.
La ultima tarde de 2009, Laia se llevó a  Carlos para enseñarle la ciudad, rematar las compras navideñas y luego se pasarían por la tienda de antigüedades, dada la similitud de gustos entre ellos por su país de origen.




Todo sucedió rápido, de manera acelerada y sin vuelta atrás… Laia,  fue secuestrada por su hermano y  trasladada de manera ilegal a Dajla, para ser explotada como-hartani-el secreto que tanto intento ocultar. Desde ese momento su vida será lo que siempre repudio y solo la esperanza y el amor por Julio la mantendrán viva en sus largas jornadas de trabajo.

La desaparición de Laia, pone en rojo todas las alarmas oficiales de la mano de su abogado de siempre y contado con la ayuda de contactos en diferentes instituciones. Todos juntos trazan un peligroso plan, que nos desvelara los secretos que el desierto oculta y destapará los secretos más ocultos de cada uno de ellos.

Un abanico de personajes, que tuvieron un pasado común y un presente compartido, hasta vencer a sus propios fantasmas y a los recuerdos.  Narrada de manera exquisita, con una fantástica descripción de paisajes  y personajes. Atractivos diálogos, que nos harán sentir desde la primera línea. Una bella historia de amor llena de dificultades, donde los sentimientos brotan y son arrasados por los bancos de arena y donde la vida no tiene gran valor por sí misma, que nos transporta a un mundo lejano, difícil y muy crudo. Como el viento del desierto la leeré una segunda vez, para impregnarme de todo lo que se me pudo escapar en esta primera lectura.



Una vez más Reyes Monforte, nos dejas sin aliento. ¿Cómo valorar aquello que tanto anhelas? Brindo por esta nueva etapa de éxitos bien merecidos. Enhorabuena por tan majestuosa novela. ¡FELICIDADES, REYES!


Nota: Solo lamento, el tiempo que he de esperar para la próxima novela.