domingo, 9 de marzo de 2014

TU, MI VIDA, de María Vega - Vol. I - (RESEÑA)

Las tropas Francesas, tenían prácticamente tomada la ciudad de Cádiz, corría el año 1812, existía un toque de queda a partir de cierta hora o barrios. Nada sobraba, puesto que las carencias aumentaban al ritmo que la brisa marina distorsionaba el disparo de  los cañones y muy pocos tenían algo para engañar el hambre y el agua de las cazuelas. Por aquel entonces todo la cuidad de Cádiz, vivía bajo la amenaza de los Franceses.

Ernesto Montero, fallece en un fatídico accidente de caza, mientras compartía afición con su mejor amigo Fernando y sobre el que recaerán las dudas de tan trágico suceso, quedando aquel día grabado para muchas malas lenguas y dejando viuda a una joven, Ana.  

Superar la muerte de su esposo, era poco menos que un reto imposible para Ana, cumplía rigurosamente el luto de toda viuda, Ana, se pasaba los días encerrada en su alcoba, sin salir de casa y cuando lo hacía, era para visitar la lápida de su marido y cambiarle el ramo de sus flores favoritas, los claveles blancos no aguantaban demasiado, así que las visitas eran más frecuentes de lo que el corazón destrozado de Ana podía soportar y por momentos la cordura se esfumaba entre los continuos delirios.
Sobrellevaba aquella angustia bajo los cuidados de la fiel Felisa, aquella mujerona de corazón noble y lengua ligera, que también recibía los malos modos y las groserías de la tía del finado, pero todo lo soportaba por la adoración hacia su Señora. La tía Isabel, era desagradable al máximo, una autentica arpía, se consideraba superior a todo lo que la rodeaba y su ambición era más grande que su corazón, su mayor felicidad consistía en humillar a quien se ponía en su camino.

Ana, por momentos sentía perder la cordura, su cuerpo joven sufría las carencias amatorias del amado, lo que despertaba en ella fantasías, tan satisfactorias como dolorosas, al verse sola y sin el calor de un hombre.
A la lectura del testamento, Ana, no podía dar crédito a lo que el notario leía, ¿Cómo podía Fernando dejarla desamparada?, ¿Dónde estaban aquellas promesas que en su día, él le hizo? Arruinada y en la calle, Ana, disponía de días contados para desalojar la que consideraba su casa y entregársela a quién menos se esperaba y a quién menos se lo merecía, ¿Por qué?
En apenas unas horas, se topó con un Ernesto Montero, que ella desconocía y por el que hubiera dado la vida si fuera preciso, pero ahora todo era distinto, Fernando, le destapo los ojos de la ceguera amorosa que padecía, explicándole la doble vida que su marido llevaba y que parecía conocer todo el mundo excepto ella, ¡Gran verdad, que del amor al odio solo hay un paso! Y  ella, había cruzado esa línea gracias a la confesión del amigo incondicional, que llevaba años amándola en silencio.

Sin saber de su localización y por casualidad, pudieron hacerle entrega de una misiva que llevaba años esperándola, una carta que lo cambiaría todo, en su interior estaba la última voluntad de un fallecido que no reconocía y que la hacía propietaria de una hermosa casa y un buen dinero, el letrado nombrado años atrás, la puso en antecedentes de lo era un pacto entre caballeros y del que ella salía benefactora.
No olvidando la fidelidad de su buena Felisa, le pidió que se quedara con ella, había casa de sobra para el matrimonio y ella misma, así nunca más se sentiría sola, ambas mujeres que querían como madre e hija.
Su nuevo estatus, era un dulce manjar para los galanes caza fortunas, las viperinas lenguas movidas por la envidia y ser admirada por aquellos que antes la ignoraron.
Unos días más tarde y ya instalada en la nueva casa grande, celebrara una gran fiesta por todo lo alto y se presentara en sociedad con su nombre propio, olvidándose del estado de viuda para siempre. En ese evento, conoce a Miguel, un joven mujeriego y enamoradizo de lo prohibido, que no tardará en adularla lo suficiente para cortejarla y el que despertara sus dormidos instintos carnales.

Bien argumentada en base histórica y con un simpático “andaluz” escrito, que despertará la sonrisa del lector, por la ternura del personaje, plasma una hermosa historia de amor y desamor, donde la fantasía y la realidad forman parte de su trama.  Solo disfrutaras de su lectura, si te dejas arrastrar por los sentimientos que tiene Ana.

María Vega, con unos textos adorables y cuidados, nos hará cómplices de su exquisita escritura, esta chica, brillará en lo que invente, porque transmite la pasión con la que llena los folios en blanco. 
¡Gracias por hacerme sentir afortunada... leyéndote!


¡¡SIÉNTETE ORGULLOSA… FELICIDADES!!