jueves, 24 de abril de 2014

REGRESO A TU PIEL, de Luz Gabás. (RESEÑA)

En contra de su opinión y ante la insistencia de Esteban, acudieron a la consulta del médico de familia, quien después de someterla a un tercer grado y un ligero chequeo, diagnóstico: -stress laboral y agotamiento- y como único tratamiento recomendó unos ligeros ansiolíticos y descanso, mucho descanso, prescripción que acepto bajo la atenta mirada de su marido. Aquello tampoco funciono, porque el descanso se volvió más angustioso de lo esperado.

En la gran ciudad, Brianda, disfrutaba de una vida casi perfecta, se sentía felizmente casada con Esteban, gozaba de los elementos necesarios para ser feliz, ¿Pero qué le estaba pasando?, uno y otro, poseían una condición laboral de lo más satisfactoria, una holgada economía, una preciosa casa en una de las mejores zonas de la capital y amigos que completaban su círculo, tal y como ellos querían.
Pero cada día y sin poder evitarlo, llegaba la noche…otra noche más, su descanso se tornó turbio, ¿Por qué  aquellos sueños  últimamente no la abandonaban?, ¿Por qué la atormentaban noche tras noche?, ¿Qué significado tenía “Omnia mecum” y porque aparecía en sus sueños? y sobre todo ¿Quién era Corso?, unas quimeras extrañas, lúgubres, amargas, que a la mañana siguiente como fotogramas y que parecían crucigramas sin resolver, ¿Qué significado tenían aquellas secuelas mañaneras?, en cada despertar se sentía cansada, angustiada, agotada, todos los síntomas eran similares a los de un embarazo, pero ella no, tanto Esteban como Brianda, habían decido retrasar aquella parte del ciclo generacional, durante unos años, hasta obtener los éxitos para lo que tanto se esforzaron.

Cada jornada era un reto más difícil que superar y tras el último ataque de pánico en plena junta, apenas salía de casa y sus miedos aumentaban al paso de las horas,  la inquietud crecía por momentos y su único deseo era poner tierra de por medio, desconectar de todo y de todos; así pues y siguiendo el consejo de su madre se desplazó a Tiles, el pueblo natal de la familia materna, donde antaño veraneaba la familia y que ahora ocupaban su tía Isolina y su marido Colau, Brianda  recordaba vagamente aquella zona del país, habían pasado muchos años, pero seguía sintiendo el recelo con el que se fue…

A la misma velocidad que se acercaba al destino, su desasosiego prosperaba, Brianda, lo achacaba a las horas que llevaba conduciendo, pero de forma repentina, se vio en la obligación de socorrer a una joven que requería ayuda en medio de la carretera, se detuvo con más miedo que prudencia y siguiendo la obligación de auxilio, ¿Quién podría quedarse averiada en aquel paraje?; aun pareciéndole un zona totalmente desamparada de la vida urbana, Brianda, socorrió a aquella desconocida, que casualmente llevaba el mismo rumbo que ella, se presentó como Neli, retomando el camino, intercambiaron la justa información de cortesía; Neli, que vivía en Tiles desde hacía tiempo y se dedicaba  a la restauración de antigüedades, conocía a todos los habitantes del pueblo, pero no situaba a Brianda en ninguna de las familias residentes, aunque si llamo su curiosidad que fuera a la Casa  Anels.

Llegadas a la plaza del pueblo, Neli, le indico el desvió que debía de tomar hasta la casa de sus tíos, advirtiéndola de la mala calidad de la senda, con la única pretensión de que prestara más atención y prudencia; la distancia no era grande, pero el camino era angosto y mal cuidado; la casona solitaria  y rodeada de un bosque desdeñado, decepciono a  Brianda, comenzaron a venirle a la mente reflejos de las secuencias de sus sueños ¿Qué le estaba pasando?, ¿Por qué  creía reconocer la zona, como en sus sueños?, aunque también le llegaron recuerdos gratificantes de su infancia allí, tenía ganas de reencontrarse con su tía Isolina, Colau, ya era otro tema; era un hombre de pocos palabras, bastaste osco y no dado a la conversión, desde niña sentía por él más miedo que respeto, pero tampoco entendía por qué.
Totalmente extenuada, consiguió llegar al lugar donde pretendía encontrar la paz que su mente necesitaba, con los cuidados de su tía y la tranquilidad que naturaleza aportaba.
Su curiosidad por conocer los alrededores del pueblo y supuso que su tía Isolina y Colau, serían los guías perfectos, ver monumentos existentes y desconocidos para ella y coincidir con Neli, no estaba previsto, juntas fueron testigos del comportamiento de Colau ante ciertas aclaraciones que brotaban de  Brianda, que sin saber porque, poseía datos explícitos para lo que fuera que buscara su tío de manera tan misteriosa; en Neli descubrió una mujer activa y diferente a lo esperado, enseguida congeniaron y las charlas entre ellas eran de lo más intrigante para Brianda, la conducta de nueva amiga le sembraba más preguntas, que por prudencia no exteriorizaba, pero las cosas pasan porque así están marcadas.
Sin embargo, ambas amigas en su recién estrenada amistad concluyeron que guardaban más elementos en común de los que en principio se imaginaban y que su vínculo era más importante del estimado, ¿Qué combinación podía unir a Neli, con los sueños turbios de Brianda?

En uno de sus matutinos paseos, se dejó llevar por el sendero que años atrás frecuentaba el ganado y a su vez era una vía de escape hacía Francia, al llegar a la cima, se sorprendió ante la majestuosa Casa Lubich, la cual estaba en plena restauración, su actual propietario; un italiano del que poco se sabía en la aldea, paraba escasamente en el bar del pueblo y de él se rumoreaba que era solitario, buen patrón y fiel pagador a sus obreros. Brianda se sentía inquieta, ante aquella edificación, ¿Qué pasaba, porqué todo le resultaba familiar?, insegura al máximo avanzo por las obras y conoció a su dueño, que como buen anfitrión le mostro la casa, le conto el porqué de su estancia allí y el legado causante de tantas intrigas en el municipio y que casualmente se llamaba Corso, nombre que martilleaba en sus pesadillas, ¡No podía creer lo que estaba pasando!, sin salir de su desconcierto, no conseguía discernir, ¿Por qué allí, sentía la paz y el sosiego que tanto anhelaba?,  serena como no recordaba se dejó llevar por las palabras y gestos del generoso amo, que la encandilaron como ni su propio marido hacía, un simple roce llevo a otro, sin dulce beso desato la pasión contenida y en la torre se amaron, sin prisas pero sin pausa y teniendo al cielo por testigo.

Muchas eran las cuestiones que Brianda pretendía resolver y más, cuando todas parecían estar enlazadas en secreto a unas piezas y a un anillo, que durante generaciones fue guardado con recelo, ahora ella, interpretaba sus sueños como pistas y no cesaría en su empeño hasta saber la verdad de todo aquello, recurriría a los conocimientos de Neli, y sus miedos se esfumaban en cada avance, pero unas respuestas traían otros temores, ¿Cómo iba a presentarse ante Esteban, cuando se deshacía por estar con aquel desconocido?, ¿Cómo explicar que allí se sentía en calma y qué aquel era su destino?
Dar el tema por resuelto, le ocuparía más tiempo del asignado, ¿O quizás el resto de su vida?
Hasta aquí puedo transparentar la novela, el resto ya pertenece a la novela y sus lectores.

Un texto, en perfecta sintonía con la situación geográfica donde ubicamos el desarrollo de su contenido y muy buena documentación. Unos personajes, que sin perder un ápice de actualidad nos evocan a generaciones anteriores, llenos de sentimientos. Una historia magníficamente configurada y un final que desatara más de una lágrima. Es en definitiva, una  gran historia.

Siguiendo la recomendación de María Dueñas, no pude evitar la necesidad de leer PALMERAS EN LA NIEVE, http://mire-pa.blogspot.com.es/2013/01/palmeras-en-la-nieve-de-luz-gabas.html#links    hablamos de 2012, de la mencionada novela quede prendada y desde entonces esperaba una nueva publicación de esta chica sencilla y cercana, tímida y pausada; que brilla por méritos propios y que ya figura entre las grandes dentro best seller de nuestro país.

Una vez más Luz Gabás, has conseguido tu propósito, enganchándome entre tus líneas, con esa dulzura que tanto te identifica y que hacen de tus creaciones, una placentera y agradable lectura.


¡GRACIAS POR SER COMO ERES!