domingo, 8 de junio de 2014

VOLVER A CREER, de María Pérez (RESEÑA)

Tras la muerte de su esposa, Juan Palacios, se volcó de lleno en su hija y su próspero negocio; ejercía como agente para las bodegas gaditanas, conocidas por la excelente calidad de sus caldos y brebajes, gran parte iban directamente a la corte del Rey Guillermo IV  en Inglaterra, él trataba habitualmente con Lord Alfred McKay, quién por razones de salud había delegado en su hijo Sir Serge.
De manera casual, Sir Serge, conoció a la joven y hermosa Beatriz, lo cual propicio que entre ambos jóvenes se iniciara un cortejo y rápida boda, cada una de las partes tenía sus propios intereses en aquel casamiento, por una parte; para Juan Palacios, ver a su hija tan enamora y con un noble, le suponía una preocupación menos, ya que su negocio iba mermando al mismo ritmo que crecían sus deudas y así evitaría para su hija, el sufrimiento que se avecinaba; sin embargo, para Sir Serge, suponía acallar muchas bocas y aspiraba a formar parte de aquel negocio y patrimonio que él consideraba floreciente.

Sir Serge, supo desde el principio cautivar a la inocente Beatriz, su galantería, finura y modales, la embelesaron en la antesala del sufrimiento que la esperaba.
Pasada la boda, los esposos partieron en dirección a Londres, donde la familia McKay,  poseía varias propiedades y que habitaban según la estación del año; lejos de lo esperado, la joven esposa fue recibida con frialdad y antipatía por parte de su tía Lady Ross y alojada en la habitación de huéspedes, una alcoba fría, oscura y desangelada; y con la orden estricta de no salir a menos que la reclamarán. Aquel, sería el principio de un largo suplicio qué Beatriz jamás esperaba por parte del hombre que la enamoró, ¿Dónde habían quedado aquellas promesas de amor?, ¿Por qué su marido no compartía lecho y deseos que antes derrochaba? Al paso de los meses Beatriz, descubrió el verdadero carácter de su marido y las razones por las que su matrimonio era puramente fachada, cansada de las vejaciones y los malos modales por parte de su marido y la tía de éste, empachada de llantos mudos y horas muertas, se sentía desgraciada y sola en la vida.

Aquella amargura, le recordó el cofre que su entrañable nana le había regalado y el cuál ocultaba unas semillas específicas, que bien usadas serían su pasaporte hacía una libertad merecida; sin dudarlo, puso en marcha un plan perfecto, del que nadie podría sospechar, aunque tendría que ser cuidadosa, prudente y paciente, para no sembrar ningún tipo de dudas, solo era cuestión de tiempo que fuera la viuda del Marqués de Blair y ese momento tan deseado llegó.
Su nueva condición social, la libero de tanto sufrimiento, de tantas horas de soledad, ¡Por fin era libre!
No tardaría mucho en recuperar su sonrisa, dejaría brotar su nobleza y se ganaría el corazón de cuantos la rodeaban, aquella era la Beatriz que partió de Cádiz con 19 años, inocente y llena de ilusiones.

En vísperas de la navidad la familia O´Connell, organizó una cena con invitados de la más selecta sociedad Londinense, entre los asistentes; Víctor Volen, hijo de los anfitriones, que acudió acompañado de sus pequeñas infantas; una joven y radiante Marquesa de Blair, llegó con un ligero retraso y causo impacto entre todos los presentes, pero sobre todo en Sir Volen, quién quedo deslumbrado ante tanta belleza.  Después de aquella velada, Sir Víctor, pretendía cortejar a la hermosa viuda, no obstante, cada uno de ellos tenía diferente situación sentimental, Beatriz huía del sentimiento que tan ingratamente la trato; y  Víctor Volen, superado el duelo por su finada esposa, se cobijaba en las mujeres que vendían su tiempo y sus carnes, y a las que susurraba promesas en los momentos del pagado desahogo.  Sin embargo, ambos quedaron impactados y comenzaron el intercambio de misivas, que con  el tiempo ya eran del todo amorosas… ¿Podría Beatriz, perdonar a cupido y dejarse llevar por el corazón?, ¿Podría Beatriz, confiar nuevamente en el amor?, ¿Sería capaz Victor de enamorarla y a su vez renunciar a su desordenada vida amorosa?  

Nuevamente María Pérez, nos transporta a otro tiempo, donde los sentimientos eran escondidos debajo de complicados rojapes; con un amplio abanico de personajes bien estructurados y determinados, que hacen sentir al lector la pasión, el odio y el desamor. Excelentes diálogos y ambientación de época.
María Pérez, tiene ese maravilloso “don” de hacernos sentir parte de sus relatos, transmitiéndonos las emociones, las fogosidades, el sufrimiento y el dolor que conlleva toda historia de amor.
Siempre me resulta grato leer a esta autora, que poco a poco, se está forjando un camino en tan noble arte como el de la escritura y calar en sus seguidores. Con una pluma de más excepcional, siempre es un placer dejarme prender por sus líneas.

¡ABSOLUTAMENTE MARAVILLOSA, MARÍA”