domingo, 1 de febrero de 2015

PASIÓN DESMEDIDA, de Noa Pascual

Con este relato Noa Pascual quedó finalista en el concurso de Ediciones Ortiz

Pasión desmedida

En la barra del bar Hugo pidió un gin tónic. Mientras la morena explosiva que estaba a su lado se daba la vuelta y derramaba su bebida en la camisa de él.
Levantó la mirada mientras observaba los ojos negros de Hugo clavados en su cuerpo.
‒¡Ay Dios! ¡Perdona, perdona! ‒dijo la joven morena a la vez que intentaba localizar alguna servilleta para limpiar el estropicio.
Hugo siguió mirándola incrédulo, nunca había visto una mujer tan exótica y tan perfecta. Cabello largo negro, ojos verdes, labios carnosos y un cuerpo que incitaba al pecado; Con unos pechos redondos naturales y duros.
‒No pasa nada, no te preocupes. ‒Respondió él, con el tono de voz más varonil que había utilizado en su vida.
La joven levantó la mirada de la camisa y se encontró con los ojos negros de Hugo, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y una sensación desconocida hasta el momento para ella le invadió el interior.
Con su sonrisa todavía en los labios y sin parar de reír por lo ocurrido, sujetó de la mano a Hugo y lo llevó a los servicios. Al ver cola en el de señoras, siguió caminando y entró en el de caballeros sin el menor signo de vergüenza.
Hugo todavía hipnotizado por esa joven se dejó llevar, no se percató ni dónde estaban, ni lo que estaban haciendo. Lo único que quería por una extraña razón, es no apartarse de esa mujer.
Mientras la joven abrió el grifo del agua y, con unas cuantas toallas de papel que recogió del toallero, empezó a limpiar la camisa de Hugo. Su risa nerviosa y encantadora embriaga el lugar.
Cuando elevó la mirada y volvió a encontrarse con los ojos de Hugo clavados en ella, su risa pasó de natural a una sonrisa nerviosa, a la vez que sus manos dejaron poco a poco de frotar la prenda. Y cuando sus manos se quedaron inmóviles y sus ojos totalmente chispeantes por la mirada caliente y lujuriosa del hombre que estaba a un palmo de ella, su boca se abrió para decir una palabra que jamás hubiese imaginado llegaría a pronunciar.
‒Tómame.
Hugo no necesitó escuchar más, sus labios se apoderaron de los de ella. La devoró con pasión desmedida. Las manos de la joven subieron hasta su cuello y se aferró a él como un imán. La levantó y cuando ella cruzó sus piernas a la altura de su cintura, Hugo se dirigió a uno de los lavabos y cerró la puerta de una patada. Antes de sentarse cerró con pestillo y tomó asiento, mientras ella seguía jugando con sus labios en los de él.
Había una química sexual entre ellos extraordinaria, nunca habían sentido nada igual ninguno de los dos. Parecían animales salvajes en plena época de apareamiento.
Cuando ella separó sus labios de la boca de él, fue mordisqueando su cuello, hasta llegar al lóbulo de la oreja. Hugo sintió que su entrepierna se hinchaba por momentos, y él quería explorar ese cuerpo que tenía delante, así que sus manos comenzaron acariciar los pechos de la joven por encima del vestido, pero no era suficiente, así que las metió por dentro del escote, y cuando sus dedos rozaron sin obstáculo la piel de ella, sus pezones se pusieron tan duros como su miembro.
Un gemido de placer de ella, provocó más ansia por continuar, así que mientras una mano masajeaba un pecho, su boca se lanzó a por el otro «mmm… exquisita» pensó
mentalmente Hugo.
La joven nada egoísta, al ver el placer que aquel hombre le estaba proporcionando, con sus manos recorría toda la espalda de él, mientras hacía movimientos pélvicos para que la eminente erección de él se sintiera cada vez más importante. Pues no faltaría mucho para llegar al momento cumbre y ambos lo sabían.
Mientras ella iba desabrochando los botones de la camisa, Hugo cada vez respiraba con más dificultad. Con la prenda totalmente abierta, la joven no pudo reprimir una exclamación de aprobación, esos pectorales bien marcados consiguieron que el calor de la joven todavía fuera más evidente.
Hugo consciente de la reacción de ella, fue acariciando sus piernas por la parte interna de sus muslos, hasta llegar al lugar más deseado.
‒¡Joder, estás caliente total! ‒Dijo Hugo con una sonrisa de satisfacción en la cara, estaba claro que ese estado de ella lo estaba provocando él.
Metió un dedo con delicadeza para observar la reacción de ella, cuando otro gemido de placer se escapó de su boca, la joven volvió a tomar los labios de él con total deleite. Hugo aprovechó para introducir un segundo dedo y mirar los ojos de la joven, que ya no eran verdes pálidos, sino oscuros por sus dilatadas pupilas, signo de que él conseguía llevarla hasta explotar.
Cuando ella bajó sus manos y buscó la polla de él, ambos sonrieron, porque estaba dura y preparada para rematar.
‒Saca un condón. ‒Dijo la joven. Esa palabra paralizó a Hugo.
La morena notó la tensión en el cuerpo de él y separó sus labios, se miraron y ella soltó un grito de frustración.
‒¡No puede ser! ¿No llevas? ‒Hugo se sintió un estúpido en ese momento. ¿Cómo iba a llevar si nunca hacía estas cosas en lugares públicos?
‒No pasa nada, tengo mi apartamento cerca.
«¿Su apartamento?». Se preguntó ella, y en ese mismo instante, su corazón empezó a latir con fuerza. ¿Qué hacía en unos lavabos con un desconocido?.
Se levantó con tal rapidez que Hugo fue incapaz de reaccionar, primero por la sorpresa y segundo porque su pene estaba elevado y rígido. La morena se subió el tanga, se bajó el vestido y salió de allí a una velocidad de vértigo.
Hugo no paraba de maldecir en voz alta sin importarle quién estuviese escuchando desde fuera, y tardó casi cinco minutos en poder cerrar la cremallera del pantalón que todavía seguía asfixiando su miembro empalmado.
Salió corriendo en busca de la morena, pero fue inútil, ella no estaba y sus dos amigas tampoco. Buscó por todas partes pero nada, se había marchado sin siquiera decirle su nombre.
Iván un amigo de Hugo se acercó y le guiñó un ojo. Posó su mano en el hombro de su amigo y con voz burlona dijo:
‒Tú sí que sabes espantar a una mujer. ‒Hugo lo acribilló con la mirada y su amigo se sorprendió, pues Hugo no era de los que se tomaran a las mujeres en serio, no reaccionaba ante ninguna mujer. Eso lo desconcertó con agrado.
‒Me voy a casa ‒las palabras de Hugo y más bien su tono de voz despertaron la curiosidad de Iván.
‒¿La morenita te ha dejado tocado? ‒esta vez la pregunta no fue irónica, y además se notaba la afirmación mucho más que la pregunta en sí. Hugo se dio la vuelta y con una sonrisa fingida respondió.
‒Digamos que me ha dejado caliente, y eso no lo voy a negar. ‒Aunque la verdadera respuesta era otra. «Acabo de conocer la pasión» ¿Qué había hecho esa inconsciente?, a sus treinta y ocho años pensaba que lo había vivido todo, pero después de ese momento
con ella, ya no podía asegurar que hubiese sentido pasión anteriormente con ninguna otra mujer.
Sacudió la cabeza en señal de despedida y salió al exterior para olvidarse de todo y a ser posible no volver a recordar a esa mujer.