sábado, 3 de octubre de 2015

FULGOR, Manel Loureiro (Reseña)

“En la mitología griega, Casandra era hija de los reyes de Troya. Un día se transformó en amante del dios Apolo, pero al cabo de un tiempo se aburrió de él y lo rechazó. Los dioses tenían la mala costumbre de encajar muy mal los desplantes de los humanos, así que, furioso, maldijo a Casandra dándole el don de la profecía, de forma que podría ver el futuro, con la condición de que jamás nadie la creería de forma que todo el mundo la tomase por loca cada vez que anunciase alguna predicción”. (Extracto de la novela)

Ambas amigas se habían acicalado con esmero, "La fiesta" prometía ser magnífica. Perfectamente ataviadas y maquilladas, subidas en unos tacones vértigo y sin olvidar los aditivos que garantizaban una juerga sin límites, se sentían arrebatadamente hermosas y la noche prometía.
Ellas, qué cuidaban con quién terminar la noche de francachela, no eran las chicas fáciles que podían aparentar, todo lo contrario ¿Por qué se fueron con aquellos desconocidos? ¿Quiénes eran y a dónde las llevaban?

Lo ingerido perturbaba sus sentidos, recordaban pocas cosas en concreto, pero un miedo indescriptible empezaba a penetrar en ellas, apreciaban un frío corporal semejante al de la noche.  Ahora estaban en medio de la nada, heridas y aunque a lo lejos se veían luces, el camino resultaba infinito en la fatídica noche recién estrenada. La espesura del bosque y la oscuridad nocturna sólo les ocasionaba continuas caídas y golpes, no conseguían avanzar gran cosa, estaban pérdidas. Presentían una vigilancia fantasmal que lejos de ayudarlas las atemorizaba más aún. Un mal presagio las acompañaba...

Un nuevo día despertaba sobre una ciudad aún dormida. Sin tener una aparente relación, en el otro extremo de la cuidad, Casandra, daba un manotazo al artilugio que diariamente la sacaba del mundo de los sueños y le anunciaba otro día rutinario, era una mujer del todo actual, madre, esposa y trabajadora entusiasta; aunque sin saberlo, ese día cambiaría su futuro y el de su familia.. Tic, tac.. El reloj corría restando tiempo.
Dejar al pequeño Martín en el colegio formaba parte de su itinerario y aunque el tráfico no era denso en aquella zona, Casandra circulaba con su habitual prudencia; fue de repente y sin tiempo a reaccionar cuando noto el gran golpe.., muchas vueltas, un olor desconocido y un silencio exterior acompañado de mil imágenes aceleradas, poco más quedó registrado en su memoria.  

Desde su cama, fue testigo mudo de un hecho de lo más extraño, ¿Qué era lo que acababa de contemplar? ¿Sería real o seguiría bajo los efectos farmacológicos? No conseguía entender lo visto. Necesitaba contárselo a alguien pero ¿Quién la creería después de un coma de tres meses? ¿Cómo poner palabras a lo que su mente no entendía?  El destello desprendido por los intrusos que vestían indumentaria hospitalaria, la nube gris que envolvía a su compañera y las espasmosas convulsiones en aquel cuerpo inmóvil, completaban algo parecido a un ritual que termino de manera silenciosa y aparentemente indolora con la vida de aquella mujer que poca resistencia pudo ofrecer. No, no estaba alucinando, aquello había sido real, pero ¿Qué era?

Escuchar la voz del pequeño Martín hablando con su padre, advirtió a Casandra que volvía a la realidad progresivamente, era incapaz de pronunciar una palabra mientras luchaba titánicamente por mover alguno de sus miembros, pero estaba viva.
Regresar a casa y volver a sus costumbres era lo que más deseaba en aquel momento, no obstante ya nada sería igual, porque su mente buscaba explicaciones al suceso del hospital..
Vivían en el extrarradio de la ciudad, en una casa perfecta dentro de un entorno maravilloso. Casandra y Daniel, arrastraban una severa crisis matrimonial,  que no desembalaron en su última mudanza. El ascenso de Daniel les traslado a aquella pequeña localidad y ella, se sintió afortunada de poder ejercer como psiquiatra en el Centro de Internamiento Permanente de Pacientes de Tratamiento Especial (CIPPTE) o más conocido como “El Trastero”.
En horas contadas la recuperación de Cas, paso a ser una cadena de sucesos extraños que continuamente parecían tener relación con lo presenciado en la clínica. Las jaquecas, la visión nebulosa y los coloridos destellantes que emanaban algunas personas ante sus ojos, no siempre era la antesala del mal; también le abría una ventana indiscreta que la convertía en intrusa de intimidades ajenas. Todo aquello merecía una explicación, Casandra, estaba segura de su cordura y aunque no encontrara una interpretación coherente, si necesitaba encontrar respuestas.  

“El aura es una mezcla del espíritu vital de una persona, de su estado anímico y de su energía. La fuerza que reside en su interior, por así decir”.


Su habilidad informática y su constancia le dieron como resultado: Logan Dawson, de Brownfield, Virginia. Paciente del doctor Tapia e interno en el CIPPTE. Logan Dawson, diagnosticado con una esquizofrenia paranoide y manía persecutoria.   A partir de ese instante el reto de Cas, tomaba un nuevo rumbo, le urgía hablar con él, tal vez sabría darle los razonamientos a aquella montaña rusa en la que se había convertido su vida.
No fue sencillo, pero si provechoso. Dawson, no era el chiflado que indicaba su ficha clínica, ni tan peligroso como destacaban.

Dawson entró en la vida de Casandra  “como un elefante en una cacharrería”, de manera activa y en el momento justo. La puso al corriente de las ventajas y desventajas que tenía su recién despertado “don”, dejándole bien claro, que nadie la creería, y que de hacerlo público sería tratada como una esquizofrénica más, arriesgándose a ocupar un cuarto aledaño al suyo. Recomendándola utilizar su “fulgor” de manera prudente y detallándole la existencia de la parte opuesta a ellos, -Los Oscuros- y su poder desde los anales de la historia.
-Los Oscuros-, eran la representación personalizada del mal, sin escrúpulos y con una ambición tan infinita como su antigüedad; responsables de los “accidentes inexplicables” que sembraban la población de muertos. ¿Tenían algo que ver en el accidente de Casandra y por qué?  Ahora Cas y Logan, suponían para ellos un enfrentamiento nada piadoso, su continuidad estaba en peligro. En cada escena estampaban un símbolo a modo de firma.
La vida de su familia dependía de ella y la de todos de un hilo; su matrimonio hacia aguas y Logan apareció en su vida como un salvavidas en pleno naufragio. ¿Podrá la doctora Arlaz librar a su familia de lo que parece un peligro inminente? ¿Será capaz de hacerle un guiño a un destino ya trazado?

Hasta aquí te puedo adelantar, el resto tendrás que leerlo tú mismo. Prepárate para la intriga, la acción y el suspense con un final inesperado….

FULGOR. Es una brillante novela que mantendrá al lector pegado desde la página uno. Muchos y con razón, le claman, el Stephen King español. Manel Loureiro, profeta en su tierra y en EEUU, aparcó el mundo de las leyes por las tramas que tan bien domina. A este gallego, que parece llevar una “meiga dentro”, le veremos brillar con luz propia de un príncipe.

Leyendo FULGOR sentí los estímulos que provoca el miedo, los sobresaltos que producen lo inesperado y la desconfianza a cada página venidera; pero eso sí, disfrute de cada escena como si discurriera ante mis ojos. Quedo maravillada de este autor y encandilada me deja esperando la próxima.

Para los amantes del terror, el misterio y los enigmas será una lectura excelente; para los restantes, a los que el miedo nos da eso “miedo”, supondrá una experiencia extraordinaria.


“Si no fuese todo una alucinación, diría que esta es la experiencia más extraordinaria del mundo. Hace que todo sea más vivo, más real, más intenso…”(frase extraída del texto)

Las imágenes que se acompañan han sido descargadas desde Google