domingo, 17 de enero de 2016

EL TRONO DE BARRO, Jaque al Duque de Lerma, Teo Palacios (Reseña)

Conocedor del escaso fondo de sus arcas, el joven Francisco de Sandoval, aceptó no sin cierta desgana, el plan que le proponían sus tíos, dos hombres entregados a la Iglesia y cada uno de ellos acomodado en diferentes escalones del clero.
A pesar de haber idealizado planes propios con la mujer que le calentaba algo más que los pies en las destempladas noches castellanas; Francisco y Juana, eran jóvenes e inconscientes y no veían más allá de los placeres carnales, pero una realidad cercana era bien distinta y cruda. Francisco de Sandoval, descendía de noble cuna y ella, Juana, no era más que una simple lavandera, así pues, sus destinos serian diferentes y distantes, siguiendo sus escalas sociales y la estrategia de sus parientes.
El casamiento con Catalina de la Cerda, hija del Don Juan, duque de Medinaceli, no paso de ser una mera transacción económica provechosa para ambas familias y por distintos fines. Ambos esposos obedecieron al acuerdo impuesto, aunque no existía entre ellos el más mínimo sentimiento que implica tal sacramento.

Francisco no mermaba en esfuerzos para complacer al Rey, agasajándolo con ostentosos presentes con la pretensión de ser nombrado -gentilhombre-, título que le aportaría las rentas suficientes para reflotar su buen nombre y las deudas que contraía para tal fin; todo intento resulto inútil, su Señor Felipe II, no le consideraba digno para tal nombramiento, hecho que consternó a Francisco y en lugar de tejer algún tipo de venganza contra el monarca o su séquito decidió esperar, el nacimiento del futuro rey vio iluminados sus propósitos, tan sólo debería esperar.
El pequeño infante seria su aliciente e inicio una trama que desde luego resultaría del todo exitosa. A base de contemplaciones, obsequios y antojos concedidos Francisco, se hizo necesario e imprescindible para el futuro monarca, quién por su juventud y posición, resulto ser caprichoso y un tanto perezoso, dedicaba más tiempo a sus hobbies que a su adecuada instrucción, situación que Francisco aprovechó. Fue nombrado -caballerizo mayor-, convirtiéndose en la mano derecha del futuro monarca y gozando de los privilegios que tanto anhelo durante tantos años. Dedicaba su tiempo y prodigaba condescendencia con un petulante heredero, omitiendo sus obligaciones como marido y padre; en su casa pasaba el tiempo justo y del nacimiento de sus hijos se enteraba por mensajeros o terceros. El matrimonia con Catalina nunca fue problemático, ella aceptaba y acataba la voluntad del esposo, tal y como estipulaba dicho casamiento; era sumisa y fértil para criar hijos, pero triste e infeliz.

Lo que debía de llegar, llegó y el adolescente príncipe tomó posesión de su cargo en septiembre de 1598, pasando a ser Felipe III, rey de España. Francisco veía sus expectativas cada más cerca, contaba con la total credibilidad real y   Con Felipe III ya en el trono, Francisco de Sandoval  ascendería en la escaleta de mando y no tardaría en rodearse de personas de su confianza para formar un gobierno favorable a sus decisiones y que el propio rey aceptaría sin dudar.
Poco después fue nombrado “Duque de Lerma”, ascenso que despertó en Francisco una ambición desmedida, nada saciaría su avaricia; adquiría propiedades a precios irrisorios o utilizando sus credenciales.  El título de “Duque de Lerma”, ya de por sí, le otorgaba miles de monedas a sus arcas, también ejercía como mediador en acuerdos donde obtuviera beneficio propio; llegando al extremo de despertar conspiraciones por parte de los gobernantes anteriores en confabulación con la propia reina Margarita de Austria.  La soberana, no sentía la misma simpatía o admiración que su esposo por el hombre más poderoso del reino, tanto así, que dedicaba la mayor parte de sus días a levantar injurias contra él y sus incondicionales; también sería la propia reina, quien capitaneaba un sequito de su afinidad con el único fin de poner en marcha una importante conspiración para terminar con el “Duque de Lerma”, implicando en ello a la iglesia y recurriendo a los mejores escribanos para amañar órdenes o escritos de máxima importancia; y desde luego no le escaseaban colaboradores, Francisco, cada vez tenía más oponentes; aunque ¿Quién podía negarse a una orden de la reina?

En otro lugar, Juana, aquella lavandera a la que prometió tantas y tantas cosas e hizo enviar lo más lejos posible, vivía una vida austera, sin lujos y con lo justo para superar cada día; la distancia y los años, no consiguieron enfriar el rencor que sentía hacia aquel Francisco que antaño conoció, que la enamoro y la preño, y que gozaba de todos los lujos, muy al contrario que ella. Juana, aguardo con resignación el momento de poner en marcha su propia revancha.
El Duque de Lerma, desconfiando de cuantos le rodeaban, seguía en su imparable progreso; disfrutaba de las envidias que despertaban sus dominios, aunque también sus riquezas crecían al ritmo de sus deudas llevándole a la más absoluta ruina.
Los conflictos entre España y otros países costaban tantas vidas como sacas de dinero ajeno, la mayoría de los países estaban regidos por mandatarios reales a los que Francisco enviaba cuanto más lejos mejor, con el único propósito de poner tierra de por medio a sus adversarios o contrincantes, aún a sabiendas que estos eran tan ambiciosos y corruptos como él mismo.

Esta es una breve y escueta crónica de una novela, donde no faltan los amoríos y flirteos; conspiraciones y venganzas; y el principio y fin de un hombre que pocas veces o nunca fue feliz. Quizás por el groso del texto o la riqueza documentaría pueda parecer hace corta o incompleta, pero lo verdaderamente interesante se encuentra entre las páginas y recreándonos en cada linea leída.
La vida de Francisco de Sandoval “Duque de Lerma”, transcurrió entre los reinados de Felipe II y su sucesor Felipe II, siendo trayectoria de lo más variopinta hasta el final de sus días. Recreación perfecta para los gustosos de la narrativa retórica, donde la enmarcación va unida a unos diálogos propios de la época tratados con fidelidad.


Con la pluma de Teo Palacios en EL TRONO DE BARRO, comprobamos que el poder, el tráfico de influencias y la corrupción, no solo están en nuestra sociedad actual, sino, que tiene tanta antigüedad como la fiel historia de España, incluido un gran pilar institucional como es la Iglesia. Dejándonos claro que el poder pocas veces va unido a la honradez. 
De nuevo nos transporta a otro tiempo, alejándose se su Al-Ándalus natal, para pasearse por lo largo y ancho de Casitlla.