jueves, 28 de enero de 2016

LA CHICA DEL TREN, Paula Hawkins (Reseña)

Contemplar cada mañana los mismos paisajes, las mismas fachadas, las mismas caras de hastío y cansancio a su alrededor, mientras se desplaza al trabajo en transporte público, obliga a Rachel, la protagonista de La chica del tren, a buscar formas de paliar el sopor y el aburrimiento que esa pérdida de tiempo le genera.
Para lograr aislarse, aunque sea durante breves lapsos de tiempo, dirige su mirada a las casas entre las que discurren las vías del tren, contemplando a los habitantes de esas barriadas mientras recompone en su imaginación, las siluetas que percibe desde la ventanilla del vagón, hasta darles forma.
En un intento por olvidar la triste soledad en la que se encuentra inmersa tras su divorcio, Rachel crea un mundo ideal alrededor de dos de esas siluetas a las que ella llama Jason y Jess. En su imaginación, ellos disfrutan de todo lo que Rachel añora, un trabajo interesante, un físico atractivo, una relación de amor y comprensión, una vida perfecta.

Cada mañana y cada tarde, cuando el tren realiza una parada en mitad del recorrido, Rachel fija su mirada en la casa número 15 de Blenheim Road, Witney, una casa de estilo victoriano, de dos alturas y adornada con un bonito jardín, para sumergirse, aunque sea durante un instante en el mundo de Jason y Jess. Soñar otras vidas mientras adormece los recuerdos con alcohol, le permite soportar su existencia vacía y sin futuro.
Sin poder evitarlo sus ojos también se dirigen a otra casa de esa misma barrida, la situada en el número 23, para observar con tristeza unas cortinas infantiles que ondean en el segundo piso. Aquellas paredes, no hace mucho tiempo suyas, ahora pertenecen a otra mujer, a otra familia, que bien hubiese podido ser la suya.

Una mañana igual de rutinaria que el resto, Rachel contempla desde su refugio en el tren como Jess besa a un hombre en el jardín, un hombre que no es su marido. Angustiada por la visión de una traición que siente como suya, Rachel se enfurece, en el mundo perfecto que ella había creado no hay cabida para una infidelidad, si quisiese contemplar miserias y mentiras tan solo debía regresar a su pasado. Decepcionada se refugia en la bebida para olvidar, hasta perder el control. Sin embargo, lo que su mente consigue ocultar no es la tristeza por una traición que siente como propia, sino las horas anteriores a aparecer en la sala de urgencias del hospital tras ser atropellada por un coche. Sin comprender, ni poder explicar al médico que la atiende las heridas de su cuerpo, que nada tienen que ver con el golpe del vehículo, la mujer decide mentir, incluso se miente a ella misma, intentando no dar credibilidad a unas imágenes imprecisas en las que alguien la golpea. Incapaz de recordar, decide echarle la culpa al exceso de alcohol que acumulaba su cuerpo la noche anterior e intenta borrar esos recuerdos, aunque el destino tiene otros planes para ella y si quiere sobrevivir tendrá que revivir lo sucedido, por duro que esto resulte.

De regreso a casa de su amiga Cathy, en la que vive desde su divorcio, Rachel piensa en la foto que poco antes del accidente había contemplado en el diario local. Aún se siente sobrecogida por la extraña sensación que el contemplar el rostro de Jess, su Jess, en las páginas del diario, le había provocado. Bueno era su Jess, aunque en realidad se llamaba Megan y la noticia hablaba de su desaparición y de las pesquisas de la policía para dar con el paradero.
Incapaz de alejarse de la vida de los personajes que ella misma había inventado, Rachel decide contactar con el marido de Megan, aunque para ello deba regresar al barrio del que pocos meses antes había sido desplazada, arriesgándose a encontrarse con su ex marido Tom y la nueva familia, que éste, ha formado en su antiguo hogar.

Una historia adictiva, que te atrapa y te obliga a seguir leyendo, para descubrir en cada página como lo que creías tener claro de los personajes, no es cierto. Narrada en primera persona por las tres protagonistas femeninas, Rachel, Megan y Anna, la nueva esposa del exmarido de Rachel, nos permite ir conociendo los sucesos que rodean a la desaparición de Megan de primera mano, ya que la misma implicada lo va narrando.

La autora juega con los tiempos mezclando sucesos del pasado, con el presente de las tres mujeres e intercalando a su vez, las tres voces en escenas sucesivas.
Bien presentados y descritos los personajes, sobre todo los femeninos, por los masculinos se pasa algo más de puntillas, muestra la evolución de comportamiento de las mujeres desde el inicio de la obra hasta el final. El lector puede sentir y comprobar cómo sus formas de pensar se modifican según se suceden los acontecimientos llegando al final de la historia con una clara sensación de que nadie era lo que parecía, y que las apariencias, que en ocasiones muestra la gente de su casa hacia el exterior, poco o nada tienen que ver con lo que palpita dentro de las paredes de cada hogar.

Paula Hawkins nació el 26 de agosto de 1972 en Zimbabue. Con 17 años se trasladó a Londres donde estudió filosofía y política en la universidad de Oxford. Trabajó como periodista para The Times, en su sección de economía. En el año 2009, comienza a escribir novelas románticas con el seudónimo de Amy Silver, pero no logra alcanzar mucho éxito con este tipo de publicaciones. No es hasta el año 2015, con la publicación de La chica del tren, que consigue llegar al gran público.

Recomendable para que todos los lectores que disfruten con la buena intriga y que no tengan miedo permanecer despiertos durante varias noches, incapaces de controlar la necesidad de conocer más datos sobre el pasado y el presente de los protagonistas.