domingo, 24 de enero de 2016

LA INTERPRETADORA DE SUEÑOS, Rafael R. Costa (Reseña)

Rara vez nos paramos en pensar en las consecuencias personales, que sucesos trascendentales para la historia, pueden tener en la vida cotidiana de cada persona. Esta idea, o más bien, esta sensación, fluye a lo largo de las páginas de La interpretadora de sueños.

El matrimonio entre Sarah Georginas y Willfred Lorre, un rico aristócrata, viajan a bordo del Titánic, cuando en el vientre de Sarah comenzaba a acrecentarse el fruto. Con el mar como paisaje de fondo y la presencia de los pasajeros del barco, la pareja une sus destinos en la búsqueda de un futuro en común. Lástima que el destino decidiese separarles pasando Willfred a formar parte de la lista de muertos en el trágico naufragio del barco.

Sola y sin recursos, Sarah hace frente a la maternidad con el apoyo de sus amigos, superando el dolor y las penurias económicas.
Cuando su hijo Rudolf cumple siete años, Sarah toma la decisión de pelear por la herencia de su vástago. Para reclamar con ello los derechos que le corresponden al pequeño, como descendiente de la familia Lorre, Sarah se desplaza al lago Neusie, en Praga, donde se sitúa la residencia oficial de la familia de su marido.
El trayecto lo realiza gracias a la generosidad de Aaron Wolf, un importante miembro de la comunidad judía que se interesa por la suerte de la mujer y de su hijo.

La llegada al castillo de la familia Lorre supone una dura decepción para Sarah, su cuñado Peter y su mujer Sabine Hohenzlern no están dispuestos a reconocer como válida la palabra de la mujer sobre la paternidad de Willfred y menos aún a dividir patrimonio. Su actitud despectiva cambia de forma radical cuando Sarah insinúa conocer a Aaron Wolf. A pesar de ello, la única oferta que obtiene por parte de su cuñado, es la posibilidad de una cantidad de dinero ridícula con la condición de que firme un documento en el que renuncia a los derechos de su hijo para siempre.
Sin dudar Sarah se niega a ello y abandona la propiedad, no sin antes despedirse de los invitados con los que en ella coincide Emmanuel Lasker, un famoso ajedrecista y Sigmund Freud y su hija Ana, con la que traba una gran amistad que se mantendrá en los años sucesivos.
Decepcionada y consciente de que en Europa no obtendrá los recursos necesarios para educar y mantener a su hijo, Sarah abandona su vida y se traslada, junto al pequeño, a la ciudad de Nueva York.
Allí, con la ayuda de la comunidad judía a la que pertenece, Sarah abrirá un despacho en la que sus dotes para la interpretación de sueños la convertirán en el referente de una sociedad alocada, que disfruta de la década de los años veinte, sin sospechar los duros momentos que el futuro les depara. Gracias a los ingresos conseguidos con su trabajo Sarah puede darle a su hijo la posibilidad de un buen futuro.
Sin embargo el pasado, aunque lejano, no deja que sus recuerdos descanses.
Por eso en marzo de 1938 decide volver a Europa para reclamar los orígenes de Rudolf, a pesar de la oposición de su hijo.
A su regreso, Sarah se reencontrará con viejos amigos, de la mano de los cuales recorrerá unas tierras convulsas muy alejadas de sus recuerdos.
Esta decisión de volver a su pasado llevará a la mujer a recorrer caminos que hubiese deseado ignorar y a conocer a personajes cuyos sueños hubiese preferido no interpretar.

La interpretadora de sueños nace de la mano de Rafael R. Costa (Huelva, 1959). Después de una vida de bohemio y viajero literario por Alemania, Francia y Sudáfrica, regresa a Huelva y gana una oposición en la conocida como 'Casa de la Cultura', donde se ubica la Biblioteca Pública Provincial. Aquí permanece durante cinco años hasta que decide marcharse a Madrid, donde reside desde 1989, dedicándose de manera exclusiva al oficio de escribir. Ha publicado varios libros de poesía, casi siempre resultado de premios ganados. También ha publicado varias novelas: El caracol de Byron que fue Premio Ciudad de Irún de Novela y El niño que quiso llamarse Paul Newman que ganó el Premio Onuba de Novela, y recientemente ha sido también finalista en la cuarta edición del premio Irreverentes de novela con su obra El Cráneo de Balboa.

Los amantes de la novela histórica disfrutarán con la lectura de La interpretadora de sueños. En esta aventura, enmarcada entre el final de la primera guerra mundial y el principio de la segunda, descubrirán personajes relevantes y representativos de una época y de una situación política que marcó el rumbo de Europa y obligó, a muchas de sus gentes, a abandonar sus tierras, su pasado y sus familias para emprender un viaje por mar, hacia una tierra que soñaban como llena de futuro y posibilidades.

Una historia marcada por los recuerdos, que en ocasiones empujan a sus personajes a avanzar, a buscar un lugar mejor y otras les roban todo lo conseguido y las llevan de regreso a un pasado que ya no existe, porque el tiempo se encargó de modificar, y también por el valor de la amistad, un sentimiento capaz de soportar la distancia y el paso de los años sin perder un ápice de su intensidad.