viernes, 18 de marzo de 2016

HISTORIA DE UN CANALLA, Julia Navarro (Reseña)

Existe un dicho: 
“Para que te cataloguen persona es necesario morirse”.

Sentado en el balancín que separa la vida de la muerte, nuestro protagonista, con clara intención de dejar huella en este mundo, hace una rememoración de los años vividos.  Sabe que el tiempo apremia y que no será recordado precisamente por sus buenas acciones, tanto así, que deja estipulado el reparto de su herencia sin favorecer a ningún Spencer ¿Será capaz de hacer bien, lo que hizo mal en vida?

Ya desde bien pequeño Thomas, mostraba cierta hostilidad hacia sus semejantes, al cariño familiar y a las normas escolares o sociales, era rebelde por naturaleza y sistema; todos cuantos le conocían acababan comparándole con su hermano, parecían la cara y la cruz de una moneda, tanto en apariencia como en nobleza, eran como el bien y el mal.  En principio sus padres lo achacaban a los caprichos típicos de un chiquillo mal criado, ya que los Spencer disfrutaban de una holgada posición económica y formaban parte de la distinguida sociedad. 
  
Cada día Thomas, día se despertaba con el único propósito de fastidiar a su hermano y minar la paciencia de su madre bajo la benevolencia de su padre. Sus travesuras no tenían límite y algunas eran verdaderamente intencionadas, llegando incluso su madre, a temer por la integridad de Jaime, aunque éste lo viera todo con los ojos de la inocencia.

Todo empeoro el día que escucho parte de una conversación de sus padres, que trataban de comprender el mal comportamiento del chico. Oído lo oído, se fue lleno de rabia y haciéndose el juramento de que a partir de ese momento todo cambiaría para peor, les pagaría de la manera más dañina.

“Un niño dictador “no nace, se hace. Su principio filosófico es primero yo y después yo. Cree que el mundo gira a su alrededor, no se pone en el lugar del otro y empieza por insultos, rompe objetos y puede llegar a agresión física. Lo que hace es machacar al otro de una u otra forma” (Javier Urra).

Ahora entendía las diferencias físicas entre Jaime y él; el nulo parecido con John, aquel que consideró su padre hasta entonces; y odio más aún a Carmela, su madre, por los rasgos transferidos. Siempre había sentido cierta repugnancia de su aspecto hispano, no lo gustaba el color de su pelo oscuro, el tono soleado de su piel o los ojos que le impuso la genética. Renegó de toda la familia y rompió todo vínculo con ellos. Ya no era un Spencer y tampoco admitía ser descendiente de emigrantes.
Entre rencores e inquina, se hizo adulto; con los años se convirtió en una persona fría, calculadora, dañina y sin escrúpulos; hacía daño por el mero hecho de hacerlo y con el único propósito de humillar a su rival. No consiguió ganar más amor que el amortizado con dinero y joyas; ignoraba el valor de la amistad, traicionaba a cualquiera de sus cercanos por la satisfacción de degradar. Él nunca daba un paso atrás y era consecuente con ello ¿o no?

De manera profesional era el perfecto vendedor de humo, sin principios ni prejuicios, experto en engatusar a cualquiera y capaz de sacar las miserias de quien fuera necesario o manipular la verdad y la mentira como el mejor buscavidas oportunista y con la suerte de cara.

Con Historia de un canalla, el lector puede sacar varias conclusiones, si también lee el mensaje subliminal entre líneas o por lo menos así lo pensé yo; qué Thomas, fue verdaderamente un canalla desde su infancia hasta el final de sus días, era el perverso maltratador que escondido en trajes caros desahogaba su cobardía; jamás conoció o no quiso reconocer el inmenso amor de sus padres que no fueron capaces de corregir su tiranía a tiempo; tampoco encontró en su camino el sentimiento de amar y ser amado.  Definitivamente Thomas fue dueño de su vida y esclavo de sus desprecios, un dictador engreído que encontró en sus excesos al mayor rival y con quien perdió el mayor de los desafíos. Aquí nos topamos con unas memorias informales, donde la moralidad del protagonista se duplica al ser consciente de sus maldades y resistente a reconducir sus errores, pese a las múltiples oportunidades que le da la vida y quienes le rodean.

JULIA NAVARRO. Da un vuelco total a su tintero, después de años paseando por la historia con “La Sabana Santa” o “La biblia de barro” entre otros, nos acercó a una realidad muy latente en “Dime quien soy” y “Dispara, yo ya estoy muerto”. Y ahora con “Historia de un canalla” plasma los peores efectos que el dinero y el poder pueden ocasionar en el ser humano. Ella como nadie, inventa historias a las que realmente podríamos poner nombre propio, quizás alguien conozca a un –canalla- indeseable o haya sido víctima. La creatividad de Julia no tiene límites y según palabras de la propia autora “Contar una historia desde la piel de un malvado no es fácil. Vivir con ese personaje durante estos dos años ha sido lo más complicado”.

Plaza & Janes
Temática: Contemporánea.