jueves, 24 de marzo de 2016

NO DIGAS QUE FUE AMOR, F.J. Zornoza (Reseña)

La vida en los años de la posguerra española resultaba muy dura para los habitantes de los pueblos. Sin recursos para alimentar a sus familias, y sin demasiado trabajo en el que poder emplearse para obtener un jornal que les permitieses subsistir, muchos de ellos se veían abocados al abandono de todo lo que conocían para buscar un futuro en otros lugares.
En esa situación se encontró Purificación, hija de un matrimonio de agricultores cuyas áridas tierras no producían suficiente alimento para mantener llenos los estómagos de sus siete vástagos.  Como hermana mayor, y única mujer, Purificación debió alejarse de su casa, de Priego, el pueblo en el que había vivido durante dieciséis años, para dirigirse en busca de una casa en la que servir para poder ganar su manutención y así librar a su familia de una boca más que mantener.
Gracias a don Joaquín, el párroco de Priego, Purificación comenzó a trabajar como doncella en casa de la familia Montalt Pons, una de las más ricas e influyentes de Valencia.

La dueña de la casa, doña Leonor, pronto descubrió la habilidad de la muchacha para las tareas domésticas y su disposición para realizarlas con eficacia. Aprendía rápido y sin protestar cada detalle que ella le pedía.
Para mejorar la habilidad de Purificación en la cocina, su punto más débil en la atención a las necesidades de la familia, doña Leonor contrató, durante unas semanas, a Adela, cocinera y propietaria de un famoso restaurante de la ciudad. Para la muchacha conocer a Adela le sirvió, no solo para aprender a realizar platos con los que jamás hubiese soñado, sino también para descubrir la verdadera amistad, por fin tenía a alguien con quien hablar, a una verdadera confidente que la acompañaría en los momentos duros que el destino le tenía reservado.

Junto a los dueños de la casa, doña Leonor y su marido, vivían sus dos hijos, Agustín, el mayor, notario como su padre, el hijo perfecto del que sus padres presumían y se enorgullecían a cada momento, y Álvaro, el menor de la familia, estudiante de derecho, caprichoso, consentido y acostumbrado a tener todo lo que deseaba con tan solo pedirlo.
Inocente y sin ninguna experiencia ni con los hombres, ni en el amor, Purificación, sucumbe al cortejo de Álvaro, creyendo sus engaños y mentiras, pensando que sus palabras de amor y planes de futuro juntos son reales y no fruto, tan solo, del deseo.
Poco tiempo disfrutará Purificación de una felicidad repleta de falsedad, justo hasta el momento en el que descubre que está embarazada y por supuesto, Álvaro se niega a asumir su responsabilidad.

Con el corazón destrozado, sin dinero, sin posibilidad de regresar junto a su familia, la vergüenza se lo impide, Purificación camina por las calles de la ciudad sin saber qué hacer o a dónde ir. Por suerte, el destino dirige sus pasos a la parroquia de don Juan, un joven cura que cambiará su destino y el de su pequeño.
Contada en primera persona por la protagonista, la vida de Purificación, sus luchas, sueños, desengaños y triunfos lograrán que los lectores empaticen con ella. Quién no se ha sentido alguna vez decepcionado por las decisiones de su familia, o quién no ha sufrido un desengaño amoroso que ha marcado su vida y la forma en la que enfrentarse a su futuro. Quién no lucha por sus hijos, y acepta imposiciones que de otra forma jamás soportaría. Para todos los que alguna vez hemos pasado por alguna de estas situaciones, la historia resulta cercana y real.
Recomendable para los amantes de la novela romántica.



Francisco José Zornoza, valenciano, 48 años. Su carrera profesional nada tiene que ver con el mundo de la literatura, aunque sí sus sueños y sus aspiraciones. Escritor desde pequeño fue en el año 2011 cuando decide no postergar más lo que sabe siempre debió hacer; y robándole el tiempo a su familia y amigos comienza su primera novela Las llaves de la muerte. La experiencia resultó tan interesante que decide repetir con esta nueva historia.