miércoles, 22 de mayo de 2013

MANERAS DE PERDER, de Fefa Martí Maldonado


Se podría decir que “Maneras de perder” es un libro que habla de la vida, pero, en realidad, habla de la gente. Porque eso que llamamos vida no es algo que ocurra en el vacío, aislado y separado de lo que lo sustenta. Y lo que sustenta la vida humana es la gente, los individuos, las personas. El amor, el odio, la compasión, el rencor, los celos, la frustración, la solidaridad, la moral y el derecho, por nombrar solo algunas cosas de las muchas que conforman nuestra existencia, no existen fuera del ser humano.
Hay quien cree que la vida de la gente que vive en Boston o en Seattle es muy distinta a la vida de la gente que vive en otros lugares, pero tal vez no lo sea tanto. Quizás este libro ayude a comprender lo cerca que estamos todos, vivamos donde vivamos, las muchas cosas que tenemos en común, lo mucho que nos parecemos.

Editorial: Ediciones Atlantis
Colección: Novela
ISBN: 978-84-941434-1-0 

La autora:
Nací, no voy a negarlo, en Valencia. Cuando tenía tres años me trasplantaron a Castilla (primero a Dueñas, luego a Valladolid) y a ese hecho debo la suerte de tener dos terruños, dos patrias chicas. Tenía siete u ocho años cuando un día, casualmente, leí una historieta gráfica cuya protagonista era una muchacha que escribía un libro. Y entonces vi la luz como Pablo en el camino de Damasco, como Cantalicio Luna cuando llegó a Buenos Aires. Escritora, eso es lo que quería ser, lo que sería. Porque había pensado (y sucesivamente descartado) ser bailarina, maestra, azafata, periodista, enfermera… Y ninguna de esas opciones me satisfacía por la sencilla razón de que elegir una de ellas me obligaba a descartar las restantes. Pero ser escritora me permitiría no eliminar ninguna opción, ser todas esas cosas y muchas más, trabajar en todas las profesiones y vivir todas las vidas.
Quizás lo que yo quería era ser Dios (porque, cuando se escribe, se es un poco Dios: se está en todas partes, se sabe todo y se puede todo), aunque entonces no supiera etiquetar correctamente mi deseo. Aquella misma noche escribí mi primer cuento y, desde entonces, el papel y el bolígrafo me acompañan. Con ellos creo los escenarios, los mundos y las historias en los que, desde que me decidí a escribir, vivo esas otras vidas.