lunes, 17 de junio de 2013

LA REINA DE LA LLUVIA, de Katherine Scholes


Mi opinión:

"NO HAY EN MUJER AMOR MÁS GRANDE QUE EL ENTRGAR LA VIDA A SUS AMIGOS”


Fueron unas cartas de su tía, las que despertaron en Annah Mason, la vocación y la fe hacía sus semejantes, así pues, decidió seguir sus pasos como enfermera  y Misionera en África. Partió de Melbourne con destino a Tanganica, en África, como una niña, desde la ventanilla del tren se dejaba embriagar por la belleza del paisaje é imaginaba su futuro en aquellas tierras desiertas, áridas y abandonadas de la mano de Dios.
A partir de ese momento, la Hermana Mason y sin reposar del largo viaje fue designada a Langali, para trabajar con el Doctor Carrington, como enfermera jefa a pesar de no tener experiencia. El recibimiento amable y cortes, dentro de la cordialidad.
Los días y las tareas transcurrían de manera encadenada, la complicidad entre la Hermana Mason y doctor Michael Carrington, era puramente laboral, aunque Sarah captaba detalles que la ponían en alerta y eso afectaba a la relación entre ellas, despertandole cierta hostilidad.
Llegado el alumbramiento de Sarah y ante la ausencia del doctor, Annah,  tuvo que ejecutar el papel de matrona y medico, el parto se presentaba complicado, corriendo riesgo de vida el bebe y la madre, fue un momento crucial y duro en la vida de ambas mujeres, pero también fue un trance que las uniría como amigas de por vida, tal era el agradecimiento de la madre que le rogo a Annah que amadrinara y le pusiera nombre a su hija. La delicada salud de Sarah y los cuidados de la pequeña Kate, hicieron que Annah se trasladara a vivir a la casa familiar, intensificando más aún el vinculo familiar, el roce hace el cariño y del cariño nace el amor, unos sentimientos que despertaban entre la enfermera y el médico, un afectos que no tenían posibilidad ni futuro.
Para espantar dudas y temores, el doctor Michael  Carrington, solicito el traslado urgente de la Hermana Mason, alejándola de él mismo, de Sarah, de la pequeña Kate y de un pueblo en el era feliz, de forma educada la echaba de sus vidas y del poblado.


Con su nuevo y obligado destino en Germantown, la vida de Annah se rompía en mil pedazos, sería Stanley, su única compañía, ayudante, guía y chofer de un destartalado Land Rover, cargado con los escasos enseres que poseían. Ya nada sería igual, ese, no sería un simple destino, estaba ante el umbral de una vida llena de inclemencias, donde no encontraría un hogar fijo, donde las desgracias serian más abundantes que las lluvias. En todos los sitios sería la Hermana Mason, misionera y blanca, de pelo rojizo, dedicada en cuerpo y alma a su profesión y sin marido.
La Misión de Germantown, no fue más que el inicio de otra dura batalla, pero sí un lugar que le depararía grandes esperanzas de futuro, quiso la casualidad que descubriera la enorme mansión rosa, una enorme casa colonial semi-abandonada, donde le esperaban muchas horas de trabajo y más problemas, pero también ganaría un reconocimiento bien merecido.

  
Fueron pasando los años al ritmo de las épocas del año, de las lunas y las lluvias, guía de los amaneceres y las noches. Allí no había horarios estipulados, nada se regía por el horario europeo, fueron tiempos donde la ciencia médica tenía grandes rivales como la brujería, los poderes del más allá, los hechiceros tenían muchos seguidores en cualquier tribu ó pueblo.
Conoció el amor, aunque apenas tuvo tiempo de disfrutarlo, fue viuda antes que esposa, fue
Tatuada como futura reina y sin trono, fueron tantos los años y kilómetros que recorrieron Stanley y la Hermana Mason, para volver al punto de partida y ser testigo de una tragedia que marcaria para siempre su vida.

Después de la trágica muerte de sus padres en 1974, Kate Carrington, fue apartada de todo su pasado, educada de manera civilizada y trabajando como enfermera en prácticas, para una agencia, nunca tenía destino fijo, sus jornadas laborales hacían cada día una ruta distinta y con pacientes diferentes,  impidiendo esto toda implicación emocional. Vivía en la casa familiar en Melbourne, su pasión eran las flores y la decoración de jardines, siendo el suyo bien hermoso y centro de atención para todo el mundo. Tenía una vida normal, más bien aburrida.
Sin embargo la llegada de su vecina, altero toda tranquilidad, era “rara”, de carácter y aspecto,  hablaba lo justo, aunque no sabía el porqué, se sentía atraída por aquella extraña mujer, de pelo grisáceo y rasgos de una belleza vivida, que parecía enferma y rodeada de botes repletos de hierbas sospechosas, Kate, no entendía nada, los días se sucedían y aquella mujer, le iba relatando fragmentos de si vida, que despertaban más aun su intriga.
Con la llegada de un libro “El libro de los mártires modernos”, se le despertaban cuestiones que solo Annah sabía y que ahora al final de su vida debía contarle, este es el testimonio…

En perfecta armonía, Katherine Scholes, nos obsequia con una excelente narración, plasmándonos excelentes paisajes, llevándonos por una belleza salvaje. Con textos ligeros, cómodos e impecables y una prosa envolvente.
Una novela sublime, emotiva e intensa. ¡GRANDIOSA!