sábado, 5 de abril de 2014

EL DIOS DEL FARO, de María Serralba. (RESEÑA)

Los pocos recuerdos que le quedaban de su infancia, eran de lo más tierno y feliz, por su memoria circulaban solo buenas sensaciones. Una fase de su vida donde todo casi todo era un juego, la alegría era su meta diaria  y  la felicidad era como la brisa del mar que aireaba toda la estancia; ahora Emilio, ya era adulto y cumpliendo lo prometido llevo a su familia al islote que tanto amo, con el fin de que su hijo conociera –a la sirena que por encantamiento del Dios del Faro se convirtió en una dulce hada irlandesa, con forma de mujer-, para que ella, le contara aquella hermosa historia que tantas veces él mismo había escuchado como antesala del sueño.


En lo alto del acantilado, se erguía fuerte y solitario el faro, que durante años había iluminado la entrada a la isla y que su padre convirtió en vivienda años atrás, aquella solida construcción, fue testigo del amor que su padre y Antonio compartían y que transmitieron al niño que era entonces y hoy él, transmitía a su propio hijo. Por aquel entonces, no era normal ni estaba bien visto, que dos hombres emparejados criaran a un niño, aunque siempre mantuvieron la discreción para vivir su amor, sin que afectara a la vida de Emilio, también contaban con la confidencialidad y el apoyo incondicional de Graciela, quien ejercía de canguro y adoraba al pequeño. Nunca le falto cariño, atenciones o cualquier capricho que todo niño pudiera necesitar, en nada le afecto, que su familia fuera diferente, después de todo su padre, Raúl y su papito, Antonio, vivían por y para él, hasta que un trágico suceso lo aparto del faro.

Pasados los años, regreso a su lugar de origen, necesitaba saber más de su pasado y solo Graciela podría aclararle las dudas, aunque antes de darle las aclaraciones oportunas, ésta, le entrego un cuaderno que guardaba por encargo de su padre y en el relataba su secreto.
Conociendo Emilio, sentí la dulzura de la niñez, acompañada de algunas sonrisas e indignación por Raúl y Antonio por formar parte de una sociedad que sigue pensando que este tipo de parejas no son normales o capacitadas, cuando la realidad demuestra que es todo lo contrario. Un relato cuyo argumento daría mucho para tratar y sobre el que una parte de la sociedad debería de reflexionar.

De manera admirable, María Serralba, trata un tema que es actual, como es la vida en parejas del mismo sexo y con hijos aportados por alguna de las partes; lo narra de manera natural y sencilla, como debe de ser.
Unos diálogos que transfieren ternura en cada línea, unos sentimientos siempre presentes, que conseguirá hacer que el lector sea partícipe de esta maravillosa historia.
¡ENHORABUENA, María y gracias en nombre de ese gran colectivo! 
¡Magnifica lección de amor y convivencia!